Tanques y cochecitos de bebé

Mi madre, que vivió la Segunda Guerra Mundial de pequeña, recordaba que a unos cincuenta metros de la estación de tren de su pueblecito natal de Westfalia, colgado de un puente y en un lugar muy visible, había un cartel con la siguiente leyenda:

Panzer rollen für den Sieg. Kinderwagen für den nächsten Krieg!

cochecito con esvástica (1937)

Cochecito con esvástica (1937)

Obviamente, la traducción castellana no recoge la rima del original, un pareado extremadamente pegadizo y, si pasáramos por alto su contenido, incluso podríamos decir que alegre, como si fuera el estribillo de una canción infantil.

Los tanques avanzan para la victoria.
¡Cochecitos de bebé para la próxima guerra!

Mi madre recuerda que en el cartel había un cochecito de aspecto idealizado y premeditadamente “clásico”, con ruedecitas de madera como los de antes, aunque los que proliferaban por entonces ya tenían modernos radios metálicos, como se ve en la foto. Puede que el cartel también mostrara un tanque, pero de eso no está segura.

Es bien sabido que las autoridades nazis hicieron todo lo posible para promocionar la natalidad entre la población alemana. Había que propiciar la cría de alemanes “de buena sangre” con fines de eugenesia racial, pero también contar con una población joven y sana que pudiera repoblar los nuevos “espacios vitales” arrancados por la fuerza a las naciones ocupadas. Por supuesto, todo el mundo murmuraba que había al menos una tercera razón: la producción en masa de carne de cañón para alimentar una guerra cuyas dimensiones estaban superando lo imaginable. Pero, ¿podían los nazis llegar a ser tan cínicos como para anunciar a bombo y platillo en un cartel este terrible propósito? Y los alemanes, ¿estaban ya tan adoctrinados como para aceptar la misión de traer hijos al mundo con el único fin de enviarlos al combate?

Yo nunca creí posible que la oficialidad nazi se atreviera a desnudarse ideológicamente de tal modo. Pensé que la memoria de mi madre había fundido un cartel cualquiera con una frase surgida del humor negro de los civiles alemanes. Me los imaginaba susurrándose clandestinamente este pareado los unos a los otros a fin de burlarse del pomposo “Día de la Madre” que los nazis habían elevado a la categoría de fiesta nacional, dotándolo de discursos de encendido elogio a la maternidad y amenizándolo con los coros de las Juventudes hitlerianas. En una de estas fiestas le concedieron oficialmente a mi abuela la “Cruz de la Madre”, en su caso de bronce, ya que  por entonces aún no había parido a más de cinco hijos. En estas curiosas olimpiadas, la medalla de plata era para las progenitoras de 6 a 8 niños, y la de oro para las que habían conseguido 8 o más. Dice mi madre que mi abuela tiró la cruz a la basura nada más recibirla. Lástima. Confieso que me habría gustado verla alguna vez.

Seguí dudando de la veracidad de esta frase, hasta que topé con el testimonio de August Justus, nacido en una localidad de la Baja Sajonia llamada Wispenstein. Justus recuerda la movilización de 1939. Las estaciones estaban llenas de familiares que despedían con un pañuelo a los jóvenes soldados que partían a la guerra y casi sólo circulaban trenes militares. Cuenta Justus que las locomotoras y los vagones de carbón iban marcados con este eslógan:

Räder müssen rollen für den Sieg.
Kinderwagen für den nächsten Krieg.

Es decir:

Las ruedas deben rodar para la victoria.
Los cochecitos de bebé, para la próxima guerra.

Como verán, la versión es un tanto distinta a la que recuerda mi madre. Desaparecen los tanques, pero el segundo verso, el más terrible, permanece inalterado. Con el agravante de que este testigo lo ubica ya en 1939, cuand

o la guerra acaba de empezar.

La difusión de este perverso pareado abarcaba toda Alemania, ya que poco después lo reencontré en el relato de una mujer sobre los últimos bombardeos de Berlín. Según este testimonio, al menos el primer verso formaba parte de un eslogan ideado por las autoridades nazis para mantener animada a la

 población mientras ésta veía impotente cómo las bombas destrozaban sus casas:

Unsere Mauern brechen, unsere Herzen nicht.
Alle Räder müssen rollen für den Sieg.

(Nuestros muros se rompen, nuestros corazones no.
Todas las ruedas deben rodar para la victoria.)

Y los civiles alemanes, en un gesto de humor ne

gro, habrían añadido la consabida frase final de los cochecitos: Und Kinderwagen für den nächsten Krieg.

Todo apunta a que la frase del cochecito fue un añadido espontáneo. En junio de 1942, cuando el abastecimiento de la Wehrmacht en el frente ruso se había convertido en un gran problema, la compañía de ferrocarriles estatal d

el Reich inició una campaña publicitaria destinada a evitar en lo posible el empleo del tren por parte de la población civil. El eslogan principal de la campaña era Räder müssen rollen für den Sieg (‘Las ruedas deben rodar para la victoria’), y con él se pretendía concienciar a los alemanes sobre la enorme importancia estratégica que había adquirido el tren.

Räder rollen für den Sieg

El ingenio popular le añadió enseguida el segundo verso a este lema publicitario. Conscientes de estar siendo utilizados por Hitler para sus ambiciones imperialistas, los alemanes más osados le añadieron clandestinamente la segunda frase con pintura a los carteles de la época en los trenes o en las estaciones. Así pues, se trataba de un grafitti popular que el tráfico de los vagones así mancillados contribuyó a difundir.

Cuando en octubre de 1944 se convocó el Volkssturm y se reclutaron a la desesperada a ancianos y niños para defender lo que quedaba del Reich, circularon chistes como éste:

-Ahora han confiscado todos los cochecitos de bebé.
-¿Por qué?
-Porque van a llevar al frente a la quinta del 1943.

4 thoughts on “Tanques y cochecitos de bebé

  1. ¡Qué buen rastreo y qué interesante relato!

  2. Nunca he comprendido por qué no hubo mayor desobediencia civil ante tanto sufrimiento. Ya sé aquello de las “consecuencias económicas de la paz”, que la segunda guerra fue una continuación de la primera, la eliminación de los espartaquistas, de Walter Rathenau, la hiperinflación …pero no entiendo como la sociedad y tantos poderes civiles y religiosos se doblegaron ante tanta barbarie, tan facilmente.

  3. Elisa

    Quisiera contestar a Mammalia sentimentalis.Las conductas de las personas pueden tener muy distintos orígenes,pero un impulso fundamental es el miedo.En los totalitarismos,de uno u otro signo,la gente teme por sus vidas,familias,trabajo,etc.Hay un libro muy interesante,”Los que susurran”,de Orlando Figes,donde se ve las vidas tan terribles de la gente ordinaria en la URSS de Stalin, y su miedo a hablar,a la delación, a la presión contínua,al Gulag,cuando quienes detentan el poder son los delincuentes.
    Todos los que vivimos en sociedades democráticas sentimos la superioridad moral de decir “yo hubiera hecho esto, o hubiera hecho lo otro”.Eso es muy fácil decirlo.Incluso nos permitimos opinar sobre la actuación de gobiernos extranjeros. Sólo cuando la vida nos pone a prueba sabemos si somos unos cobardes o unos héroes, mientras tanto, y como dice el principio talmúdico,”no juzgues a nadie mientras no te encuentres en su lugar”.
    El hecho de que haya habido ejemplos históricos de resistentes , como los Scholl en la Alemania nazi son muy encomiables, y la Historia lo reconoce,pero no es así como actúa la mayor parte de la gente.
    Algunos historiadores, como Cristopher Browning en “Aquellos hombres grises”,han admitido que en determinados casos era posible desobedecer órdenes inhumanas.Eso puede ser discutible,pero, de ser así, no podemos,desde nuestra posición “tranquila”,juzgar a todo un pueblo.
    Naturalmente yo, moral e intelectualmente, me muestro favorable a resistir y no ser cobarde,pero claro, escribo ésto desde un país democrático y libre.

  4. Mammalia

    Siempre habrá gente compasiva como el capitán Wilm Hosenfeld –el oficial de la Wehrmacht que da alimentos y esconde al Pianista de Polanski-pero la cuestión, creo, no es tanto de heroes individuales, que siempre los habrá, como de instituciones políticas, sociales, religiosas, educativas sólidas y capaces de frenar la emergencia de la barbarie cuando las circunstancias de una profunda crisis la favorencen. Sé que el tema es espinoso porque una democracia parlamentaria como Francia se vino abajo en pocas semanas y el colaboracionismo galo es uno de los episodios más oscuros de la historia de aquel país.Reflexionaré sobre el tema …

Deja un comentario