Zarah Leander y la "Leibstandarte SS Adolf Hitler"

Zarah Leander

Zarah Leander

¿Conocen ustedes a Zarah Leander? Es probable que no. Sin embargo, en Alemania no hay nadie de más de cincuenta años que no la recuerde perfectamente. Esta bella pelirroja sueca fue la estrella por antonomasia del cine del Tercer Reich. Fueron muchas las cesuras que el infausto año 1933 trajo a Alemania, entre ellas la imposición definitiva al cine alemán de los estándares del Star System, previamente diseñados y empleados con éxito precisamente por el cine “enemigo” de Hollywood. Una vez se había creado una estrella, un programa meticulosamente elaborado hasta el último detalle le imponía lo que debía ponerse, las fiestas a las que debía asistir y, por supuesto, lo que debía decir y omitir a la prensa. Zarah Leander fue un producto perfecto y una víctima satisfecha de este sistema. Se cuenta que cuando Frau Leander iba de compras a unos grandes almacenes, los encargados echaban sin ambages a toda la clientela del edificio y lo cerraban sólo para ella. Sueca y, por tanto, dotada de una nota de exotismo “extranjero” sin por eso dejar de ser “aria”, en el Tercer Reich podía permitirse el lujo de representar papeles tradicionalmente contrarios a la imagen ideal de la mujer alemana, convirtiéndose así en un objeto inocuo, pero necesario, de deseo y de identificación.

Zarah Leander

Foto de Zarah Leander

Su éxito fue extraordinario. Pero Zarah Leander no dejaba de tener méritos propios, entre ellos sobre todo su preciosa voz de contralto. Lamentablemente, el régimen nazi supo hacer un uso interesado de ella, especialmente cuando la guerra dejó de ser una sucesión de victorias para Alemania y la población civil empezó a acusar sus estragos.

“Puede que la vida cotidiana nos parezca ahora más gris y difícil de lo que nos lo parecía antes. En tiempos como estos resulta tanto más necesario que el Estado se esfuerce todo lo posible por compensar esta situación y le procure al pueblo el entretenimiento y la relajación que hoy más que nunca tiene derecho a reclamar. Sin optimismo no se puede ganar una guerra; éste resulta tan importante como los cañones y los fusiles”.(Goebbels en noviembre de 1939, dos meses después de iniciarse la invasión de Polonia).

Así, Zarah Leander se convirtió, por así decirlo, en el cañón y el fusil vocal por excelencia del optimismo alemán, con canciones dotadas de título significativos como “No por esto se hundirá el mundo” o “Yo sé que un día sucederá un milagro”, estas dos incorporadas a los números musicales de su película Die grosse Liebe (‘El gran amor’, 1942). Véanla cantando “Yo sé que un día sucederá un milagro”:

Décadas después de la guerra, esta canción sentimentalmente optimista y de garboso estribillo todavía animaba los momentos melancólicos de toda una generación de mujeres alemanas. Mi madre, desconocedora de su contexto ideológico, la ponía en el tocadiscos siempre que se sentía desanimada, atribuyéndole capacidades casi milagrosas para resolver una situación problemática. Así es como también yo aprendí a apreciarla de niña, antes de saber quién era realmente aquella mujer de voz sensual y meloso acento escandinavo.

Ahora que han visto la escena, ¿han prestado atención al momento en que Leander aparece rodeada de decenas de figurantes vestidas de angelito? ¿Y no han notado nada raro? Fíjense bien:

¿Todavía no? Miren otra vez:

¿No les parece que estas starlets son un poco feas para acompañar a una estrella como la Leander? Aquí pueden contemplarlas un poco más de cerca:

Han acertado: son hombres. La Leander no sólo era algo entradita en carnes –aspecto que los productores trataban de disimular con ingeniosos trucos– sino también anómalamente alta. En aquel momento la productora no contaba con chicas disponibles que pudieran engañar la vista del espectador luciendo las valquirianas dimensiones de su gran estrella. Así pues, se recurrió al extremo de emplear a hombres disfrazados.

Desde luego, los hombres escogidos cumplían con creces los requisitos de delgadez y altura: eran nada menos que miembros de la Leibstandarte SS Adolf Hitler, la “élite de la élite”, nacida a partir de la guardia pretoriana de Hitler, instruida para el combate mediante los procedimientos más duros y supeditada directamente a las órdenes del Führer. Hombres como estos que aquí ven, torpemente travestidos a su pesar, fueron los responsables de los primeros asesinatos masivos de judíos en Italia –la llamada masacre del Lago Mayor– o la liquidación indiscriminada de prisioneros de guerra –las masacres de Malmedy y de Wormhout. En estas fotografías, por una vez, nos conceden la rara oportunidad de reírnos de ellos. Que la disfruten.

9 thoughts on “Zarah Leander y la "Leibstandarte SS Adolf Hitler"

  1. Anonymous

    ¡Impresionante! De verdad que los fulanos artífices de tan surrealista tramoya no podian imaginar, ni por un instante que, los afortunados lectores del blog de Rosa Sala, esbozaran al menos una socarrona sonrisita en un futuro no muy lejano?

  2. ¡Verdaderamente increible, si las fotografías no hablasen por sí mismas! Estás mal acostumbrando a tus lectores con perlas como estás.

  3. elisa

    Por cierto,esta canción ya la conocía de mi juventud, pero en la versión de Nina Hagen,que se llama precisamente Zarah(Ich weiß, es wird einmal ein wunder Geschehn),1985.No sabía que tenía esos orígenes tan jocosos.
    ¿Alguien más la conoce?

  4. Rosa, preciosa esta entrada. ¡Ánimo!

  5. ¡Impresionante disciplina del totalitarismo! Un día toca acudir de angélicos figurantes travestidos en la superproducción cinemato-propagandística y otro día es el turno del pogromo y los actos vandálicos de reafirmación tribal.

  6. Qué historia más buena y contradictoria, y qué oportuna recuerdo de Zarah y tantos artistas satisfechos, y lo de la Leibstandarte SS lo borda en su risueño patetismo; voy a intentar enlazarlo en cuanto pueda a mi bloc.

  7. Anonymous

    Estimada Rosa: Llego al blog después de leer “La escritura o la vida” de Semprún. Los domingos,en el campo de Buchenwald, les hacían oir a los prisioneros canciones de Zarah Leander. Uno de los pequeños momentos de disfrute en aquella situación terrible.
    Una lástima que por encima de su voz estupenda necesariamente pensemos en qué significó y cómo se utilizó por parte de los asesinos. Las imágenes de una película suya de 1942, todo glamour,duelen y anulan cualquier sentimiento artistico. Curioso que a partir de 1950 siguiera con las películas; toda una reivindicación que otros no consigueron.
    Esta es una entrada ya tardía, pero quiero agradecerle la información y la forma y el contenido de su blog.Mágnífico. Revisaré los discos que tengo de la Hagen. No tenía ni idea.
    Un abrazo.
    A. Galán

  8. Estimado A. Galán,

    lo cierto es que a mí también me gusta mucho Zarah Leander. De ahí que me decepcione especialmente su ceguera interesada respecto al régimen que apoyó. En cuanto empezaron a caer demasiadas bombas sobre Berlín sintió miedo y decidió volver a su Suecia natal, donde se retiró a una finca rural esperando que todo pasara. Algunos dicen que ayudó a judíos, pero eso lo dijeron a posteriori muchos de los artistas que actuaron para el Tercer Reich.
    Leí hace tiempo el gran libro de Jorge Semprún, pero se me pasó por alto la mención a Zarah. Lo consultaré.
    Muchas gracias por el interesante comentario y por seguir mi blog.
    Un afectuoso saludo.

  9. Zarah Leander fue siempre un gran ejemplo y objeto de admiración por parte de Nina Hagen, quien ha realizado algún tema en playback con su admirada cantante.Si bien es cierto que fue la admiración de Hitler y la elegida para hacer las primeras películas sonoras alemanas (Premier fue la Nro.1, rodada en Austria), Zarah supo aprovechar el momento pero no se tienen noticias de que participara activamente con el régimen. Era una mujer muy agradable y con una voz increíble de unos bajos profundos que cuando observamos su imagen en el cine, la voz no parece salir de su boca, es como que no coincide su aspecto con ese caudal sonoro.

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