De guerras, suicidios y bellezas inesperadas

Gracias a una beca de investigación, tuve la suerte de pasar unos meses en la ciudad turingia de Weimar (ex-RDA) pocos años después de la caída del muro. En una librería de viejo entablé conversación con el librero y le pregunté por la autora de unos cuadros que también se ofrecían a la venta. “Son de una mujer prometedora y de gran talento –me dijo–. Se suicidó el año pasado”. Y entonces, bajando un poco la voz como quien va a contar un secreto, me habló del gran número de suicidios que el gran cambio económico y político de 1989 habría provocado entre los ciudadanos de la antigua Alemania del Este, exponiéndome varios casos concretos. Es posible que el librero, a todas luces un adepto al régimen anterior, exagerara. Por otro lado, la naturaleza delicada del tema hace comprensible que éste apenas sea debatido en la nueva Alemania y que tampoco se hayan realizado estadísticas.

Almirante Hans-Georg von Friedeburg tras envenenarse en mayo de 1945

Almirante Hans-Georg von Friedeburg tras envenenarse en mayo de 1945

Mujer de Suhl que se suicidó con un disparo tras matar a sus dos hijos

Mujer de Suhl que se suicidó con un disparo tras matar a sus dos hijos

Guardando las insalvables distancias, la psicología colectiva de 1989 guarda algunas semejanzas con la de 1945: No resulta sorprendente que muchos ciudadanos no encontraran el modo de adaptar su existencia a un cambio social de tan gran envergadura y que, presos de la inseguridad o del miedo, optaran por la salida más extrema. En un país en el que el adoctrinamiento ideológico llegó a controlar hasta los más últimos resquicios de una sociedad, tener que aceptar que esa cosmovisión tan intensamente recibida –y en muchos casos asimilada y jaleada– ha perdido completamente su vigencia abocó a muchos alemanes a una dura crisis moral. No todos consiguieron desprogramarse poco a poco como lo hiciera Bruno Manz, de quien les hablé en una entrada anterior, y optaron por el suicidio. Según varios testimonios de finales de la guerra, la demanda de veneno, pistolas u otros medios aptos para poner fin a la propia vida fue enorme. El temor a las represalias aliadas fue uno de los motivos que llevó al suicidio a miles de funcionarios, políticos y nazis convencidos, que muchas veces también se llevaban consigo a sus familias.Un motivo frecuente de suicidio para cientos de mujeres de la Alemania oriental fue el pánico a la entrada de los rusos, sin duda justificado, pero también desmedidamente exagerado por las autoridades nazis. Según la anónima autora de un Una mujer en Berlín, hubo un edificio de viviendas en la capital alemana que los rusos evitaron por pura superstición y que gracias a eso ofreció un refugio seguro a sus habitantes. El motivo es que, nada más entrar, los soldados enemigos encontraron a una familia entera envenenada y, en la segunda planta, a otra que había puesto fin a su vida colgándose de las vigas del techo. Los residentes vivos dejaron aquellos cadáveres tal y como estaban a fin de poder seguir contando con ese inesperado talismán al menos por unas semanas más.

Pero a veces bastaban la simple desesperanza y el temor a un futuro incierto, como en el caso de la mujer de la localidad turingia de Suhl que muestra la foto y que se llevó también a la muerte a sus dos hijos.

Suscita sentimientos encontrados descubrir que, entre tanta desgracia, también puede hacer acto de presencia la Belleza. Así me lo pareció cuando descubrí por primera vez la imagen que la fotógrafa de guerra Lee Miller tomó de la hija del tesorero de la ciudad de Leipzig, que se había envenenado en 1945 junto a su familia:

La fría mano de la muerte no le ha restado ni un ápice de belleza a esta mujer, a pesar de la humildad de su abrigo gris demasiado holgado y de los rotos del sofá en el que su cuerpo yace como desmayado. El gesto decoroso de sus manos y sus facciones adormecidas aparecen iluminadas por los rayos de un Sol de primavera que invade la escena sin inmutarse ante el insignificante dolor humano… Esta fotografía ratifica la sentencia de Edgar Allan Poe, según la cual no hay tema más apto para la poesía que la muerte de una mujer joven.

No resulta difícil asociar esta imagen fotográficamente arrebatada a la realidad con otra que ilustra pictóricamente un momento imaginario, pero con la que guarda un inquietante parecido. Me refiero a la extraordinaria Ophelia del pintor prerrafaelita John Everett Millais:

'Ophelia' de John Everett Millais, 1852-53

‘Ophelia’ de John Everett Millais, 1852-53

La de Lee Miller no fue la única mirada que captó aquella escena trágica de Leipzig. También lo hizo otra gran reportera de guerra, Margaret Bourke-White, cuyas memorias –que como tantas otras joyas literarias están todavía a la espera de encontrar un editor en España– merecen una tratamiento futuro en este blog. Como verán, la mirada fotográfica de Bourke-White es distinta. Menos enamorada de la estética, capta la escena en su conjunto, sin dejar fuera de ella algunos elementos trágicos e incluso un poco grotescos:

Fíjense en el reloj detenido –viejo símbolo de la muerte–, en el polvo que el tiempo ha ido depositando sobre la mesa y en el cargante ambiente aburguesado en el que residía esta infortunada familia, que parece asfixiar a quien la contempla casi tanto, si cabe, que la tragedia que se desprende de ella.

18 thoughts on “De guerras, suicidios y bellezas inesperadas

  1. Me ha gustado mucho el artículo. Pero las fotografías, especialmente la última, son estremecedoras. La imagen de Lee Miller es tan artística que no parece verdad. En la última no hay dudas. Los cuerpos están tan caídos que casi se puede notar su peso…

  2. Tiene razón, Lucila. La primera foto es como un decorado que se desmonta y se explica en la segunda. Sin embargo, la que a mí me impresionó más vivamente fue la primera, tal vez porque la descubrí en primer lugar… En cualquier caso, celebro que le haya gustado el artículo.

  3. Estremecedor. El episoddio que narras de los cadáveres colgando lo he leído este verano también en un librito curioso. Se trata del libro de Emmi Hahnefeld, “Luchar para vivir. Mi infancia y juventud en Berlín durante la II Guerra Mundial” (El Museo Canario, 2007). Se trata de una niña hija de padre alemán y madre canaria que queda atrapada en Berlín durante una visita a su familia alemana. El episodio de la entrada de los rusos pone los pelos de punta. Es un librito poco conocido y muy interesante.

  4. Estimado Damián, no había oído hablar de ese librito… Tomo nota y trataré de conseguirlo. Quizá hable de él en alguna entrada futura. ¡Muchas gracias!

  5. Muy interesante el artículo y me quedé pensando en dos circunstancias, una de ellas la referida a los suicidios luego de la derrota alemana o contemporaneo a ello, que si bien se explican por evitar las cosecuencias de caer en manos enemigas, también, tal vez, puedan dar cuenta del “ser alemán”. Por otra parte, rememoré los casos de suicidios a los que se refiere un pasaje relevante de la película “La vida de los otros”, en que se alude, directamente, a la alta tasa de suicidios en la ex RDA.
    Felicitaciones por su texto.
    Patricio Córdova, desde Santiago de Chile.

  6. Gracias por las felicitaciones, Patricio. Es interesante la especulación de que la alta cuota de suicidios de 1945 tenga algo que ver con el “ser alemán”. Imagino que se refiere a la extraña voluntad de muerte y autosacrificio que ya Norbert Elias creyó detectar entre los alemanes hasta la llegada de Hitler. Afortunadamente, parece que entre los alemanes de hoy esa mentalidad ha quedado plenamente superada.
    En cuanto a los suicidios durante la RDA, se trata también de un aspecto interesante, aunque imagino que es característico de todos los regímenes autoritarios. ¿Hubo una tasa elevada de suicidios durante los primeros decenios del franquismo, o durante Pinochet? Sería interesante hacer un estudio comparativo en ese sentido, aunque dudo mucho que existan datos fiables.
    En este artículo me interesaba sobre todo destacar los suicidios relacionados con un cambio radical de valores y paradigmas que obligan a muchos individuos a “reinventarse” a sí mismos, como sucedió en 1945 y en 1989.

  7. Gracias por el post y por compartir las fotos Rosa. Yo recuerdo una imagen crudísima que publicó El País hace algún tiempo y que comenté en relación a “la historia natural de la destrucción” de Sebald. Creo que él recoge clarividencia el estado psicológico – la necesidad de renovación completa – de los alemanes en el 45. Si te apetece lo puedes ver aquí.

    http://bibliacora.blogspot.com/2008/05/sobre-la-historia-natural-de-la.html

    Saludos.

  8. Gracias, Elita. Desconocía esa foto, que sin duda supera en intensidad a las que he publicado en mi entrada. (Animo a todos mis lectores a echarle un vistazo). Su dimensión pública, casi impúdica, le proporciona un dramatismo especial y da cuenta de lo poco que valía ya una vida por aquellas fechas… ¡Muchas gracias por el dato!

  9. Javier

    Enhorabuena por el articulo. Me ha parecido impresionante. Tengo mis dudas sobre la relación entre suicidios y regímenes autoritarios que he visto en un comentario posterior, y no me consta que los suicidios hayan sido relevantes durante la represión franquista. En algún sitio he leído que los suicidios son más frecuentes en zonas desarrolladas y de elevado bienestar que en zonas deprimidas (aunque sea la depresión, como enfemedad, la mayor causa de ellos). Y para terminar, una curiosidad a propósito del libre sobre Lili Marlen. ¿Está documentada la fecha, creo que era sobre 1944, en la que Marlene Dietrich grabó la canción en alemán? Muchas gracias y un saludo afectuoso.

  10. ¡Hola, Javier! Gracias por tu comentario. Imagino que el problema de este escabroso y delicado tema es que nunca contaremos con estadísticas verdaderamente fiables y menos en el caso de los regímenes autoritarios, por lo que no podemos sino especular. Salvo, claro está, en momentos históricos concretos como el de 1945, para el que tampoco contamos con estadísticas, pero sí con muchos testimonios.
    La primera grabación de “Lili Marleen” en alemán que hizo Marlene Dietrich data de otoño de 1944. La realizó en secreto para el proyecto de propaganda estadounidense llamado “Musac” (Musical Action). Este proyecto pretendía desmoralizar al enemigo alemán mediante canciones emitidas desde una emisora de radio situada en territorio británico (“Radio Calais”), pero que simulaba ser una emisora de los nazis.
    Un cordial saludo.

  11. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

  12. Un artículo muy interesante. Te aporto que en 1932, antes de la llegada al poder, la tasa de suicidios en Alemania, fue 4 veces superior a la de Gran Bretaña, y casi el doble de la de USA, según reseña Robert Gellately en su libro “No sólo Hitler”, Crítica, 2002, citando un estudio de Detlev Peukert,de 1987. También hay estudios sobre tasas muy elevadas desde 1929. Algunos psiquiatras latinos de la época recuperaron la definición “mal alemán” (empleada desde la peste negra a la sífilis en otros tiempos). El tema da para mucho, no es el mismo suicidio el que se pega un tiro que el que se ahorca, y encima en grupo o familia, como mencionas. Unas fotos que me impresionaron mucho fueron las de un alemán que mató de un tiro a sus hijos y a su esposa, en un banco de un parque y después se pegó él otro. Recuerdo el asesinato de los 6 ó 7 hijos de Goebbels. Hay mucho más que el miedo a las represalias, o el sentimiento de culpabilidad. Si la muerte de los demás no importaba, antes se justificaba, que puede importar la muerte de tus seres queridos.
    Un saludo,

  13. Estimado Alfonso, muchas gracias por la aportación de estos datos que desconocía. Interesante también saber que el “mal alemán” llegó al extremo de ser una expresión definitoria.
    En cuanto a la foto de la familia muerta en el parque, es probable que te refieras a la foto a la que hizo referencia Elisa en un comentario anterior a este post y que podemos encontrar aquí: http://bibliacora.blogspot.com/2008/05/sobre-la-historia-natural-de-la.html
    Tienes razón, sin duda la devaluación que llegó a sufrir la vida humana –cualquier vida– durante la Segunda Guerra Mundial contribuyó en algunos casos a una mayor desinhibición frente a la propia muerte. Como si morir, en cierto modo, pudiera ser contagioso. Inquietante idea, ¿no?

  14. Quisiera disculparme aquí ante Magda Día Morales, autora de un interesante blog (http://apostillasnotas.blogspot.com/), ya que, por error, parece que borré un comentario suyo en lugar de publicarlo. Rezaba así:

    “Sumamente interesante tu texto.

    Ya había escuchado lo del gran número de suicidios que el gran cambio económico y político de 1989 habría provocado entre los ciudadanos de la antigua Alemania del Este, situación difícil de comprender para mi que siempre pensé que sería al contrario, los muros son detestables porque apartan, entre muchas cosas más.

    Una circunstancia muy compleja.”

    ¡Mis disculpas, Magda!

  15. Desde que vivi en Berlin y conoci la historia del edificio que estuve, ya no creo que existan fantasmas alli donde muere alguien de forma extranya.

  16. miedo justificado pero exagerado? Existe evidencia de mujeres y ninyas violadas entre 80 y 100 veces seguidas. No encuentro el motivo de la exageracion de las autoridades alemanas en ese sentido. Tanto las que decidieron morir, como las que mataron, como las que siguieron viviendo se merecen un monumento, y no los tanques rusos que todavia estan en el centro.

    Pese a todo, pienso que la vida es lo que mas tiene valor. Conozco personas que ahora tienen entre 85 y 92 anyos que estuvieron a punto de matarse esos dias, y ahora no se arrepienten de su decision de seguir viviendo.

    saludos.

  17. Francesc, las autoridades nazis exageraron desmedidamente las represalias que cabía esperar de los vencedores (no sólo las de los rusos), y lo hicieron con fines instrumentales, a fin de persuadir a los alemanes, tanto soldados como civiles, para que lucharan hasta la última gota de sangre. A partir de los mensajes de la propaganda nazi, cabía esperar que los rusos no sólo violaran a las mujeres, sino que no dejaran a un solo alemán con vida a su entrada en el país. A eso me refería con “pánico justificado, pero desmedidamente exagerado”. De todos modos, tienes razón en que, por muy traumática y terrible que fuera la experiencia de miles de mujeres alemanas víctimas de los excesos rusos, con el tiempo seguro que se alegraron de haber resistido con tal de vivir. Gracias por tu comentario. Un cordial saludo.

  18. Magda Díaz Morales

    No hay problema, Rosa, también me ha sucedido a mi algunas veces.

    Un abrazo

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