De nuevo Ruhleben y la Primera Guerra Mundial

Este verano he estado en Berlín. Mis visitas al archivo histórico del Ministerio de Asuntos Exteriores Alemán me han llevado a ser una usuaria frecuente de la línea de metro U-2 cuya parada final era, precisamente, Ruhleben, a cuyo campo de internamiento de civiles dediqué mi entrada anterior. Resultaba casi inevitable que un día decidiera dejarme llevar por el vagón de metro hasta la estación final, a fin de ver con mis propios ojos qué había sido de aquel lugar. Villano aquél que encuentre en ello algún simbolismo, pero el caso es que allí donde antes se ubicaba el campo de prisioneros se encuentra ahora una de las incineradoras de basura más grandes de Europa:

Pero ésta no fue la única sorpresa relacionada con la Primera Guerra Mundial que me ha proporcionado este viaje a Berlín. En una sala recóndita del descomunal Museo Etnológico de Dahlem había una vitrina dedicada a la valiosa colección de material fonográfico que conserva el museo. Entre otros aspectos, se ofrecía información sobre la Comisión Fonográfica Real Prusiana, fundada en 1915 bajo los auspicios del Ministerio de Cultura de Prusia. La función principal de esta comisión consistía en registrar fonográficamente la lengua y la música de los prisioneros de guerra extranjeros que Alemania custodiaba en los campos de concentración creados al efecto.

Los ejércitos francés e inglés habían incorporado a sus filas a soldados procedentes de las colonias, por lo que a Alemania se le ofrecía la rara oportunidad científica de estudiar a pueblos africanos o asiáticos que de otro modo difícilmente habrían penetrado en su territorio. Uno de los objetivos era el de efectuar investigaciones de antropología racial destinadas a confirmar determinados prejuicios colonialistas y a destacar la otredad del enemigo, para cuyo fin muchos de los prisioneros fueron instados, entre otras cosas, a posar desnudos ante una cámara.

Grabación de música tártara en un campo de prisioneros de Frankfurt am Oder en 1915

Grabación de música tártara en un campo de prisioneros de Frankfurt am Oder en 1915

La idea de la Comisión Fonográfica, por su parte, era la de crear un “museo de voces de los pueblos” gracias a los representantes de estos grupos étnicos. Para ello acudieron a 175 campos de prisioneros –¿estaría Ruhleben entre ellos?– y, con un celo caracterís- ticamente germánico, grabaron 1650 discos para las lenguas y dialectos y 1020 cilindros de cera para la música. Las tomas fueron rigurosamente documentadas con expedientes que incluían una ficha personal y una fotografía del hablante y/o cantante. Aquí vemos la lista de los grupos étnicos analizados, en la que, curiosamente, los catalanes –kathalanisch– aparecemos entre los pueblos del Cáucaso, junto a los georgianos, y no entre los sureuropeos. (Parece ser que unos mil voluntarios catalanes lucharon contra los imperios centrales en la Gran Guerra):

catalanes en Ruhleben

Catalanes en Ruhleben

No hay duda de que estas pistas sonoras tienen un gran valor documental. Gracias a los prisioneros griegos del campo de Görlitz podemos encontrar, por ejemplo, la grabación más antigua de buzuki jamás realizada. Sin embargo, los 6500 soldados griegos de Görlitz se habían entregado voluntariamente y gozaban de un estatus especial, por lo que es de suponer que aceptaron participar en los experimentos sonoros de sus “anfitriones” alemanes. ¿Hasta qué punto fue así con los rusos, tártaros, armenios, bereberes, polacos, malayos y africanos, entre muchos otros, que malvivían entre las alambradas de aquellos campos? El internado civil de Ruhleben O’Sullivan Molony recuerda las condiciones que imperaban:

Tuve disentería, diarrea, tifus y otras enfermedades. Desde finales de 1914, ni una sola gota de leche fresca pasó por mis labios; desde mediados de 1915 no probé carne o algo que se le pareciera; desde mediados de 1916 tenía que hacer estiramientos después de cada comida a fin de aliviar los retortijones que sentía (y cuando digo “comida” me refiero a una pequeña porción de pan o patatas).

Así vemos cómo en nombre del conocimiento científico y de la Cultura los prisioneros de guerra fueron deshumanizados y convertidos en simple “material científico”. Quiero pensar que la circunstancia de que las grabaciones de la Comisión Fonográfica se efectuaran bajo el más estricto secreto denota, al menos, cierta mala conciencia.

3 thoughts on “De nuevo Ruhleben y la Primera Guerra Mundial

  1. La abstinencia blogera ya empezaba a pasarnos factura.

  2. Winston

    En relación con la anécdota que menciona del embajador Hoare, permítame hacerle algunas observaciones que creo que pueden servir para contemplar al personaje desde una perspectiva distinta a la que usted parece tener, evidentemente, mucho más hagiográfica de lo que el personaje sugiere realmente.
    En primer lugar convendría leer distintos ensayos históricos sobre la II GM como, por ejemplo, la memorias de John Colville secretario político de Winston Churchill que ofrece una visión mucho menos halagüeña que usted sobre el aprecio y consideración que el premier británico sentía por el Sr. Hoare; al que mandó a España en una misión, que en principio, se suponía, era para semanas y que más tarde se convirtió por mor de la política neutral española en varios años.
    Que su actividad subrepticia en España se alejaba en muchas ocasiones de la correcta y caballerosa practica diplomática. Como ponen de manifiesto numerosos comentaristas e investigadores históricos (muchos británicos) en varias ocasiones creó incidentes que pudieron poner en serios problemas a su país, a no ser por la situación precaria que atravesaba España que la obligaba a capear la arrogancia y la soberbia del personaje.
    Está perfectamente probado a través de las memorias que usted cita que este señor despreciaba a España y a los españoles independientemente de su color político.
    Aparece como un paladín de la democracia liberal cuando en realidad formaba parte del sector del conservadurismo más rancio y totalmente partidario de un allanamiento ante Hitler para salvar los intereses británicos a costa de permitir que Europa entera callera en manos de la tiranía nazi. Posición absolutamente contraria a la de Churchill, a quien el Sr. Hoare detestaba tanto como su mentor lord Halifax. Y, posteriormente, siempre en una línea arribista, se ofreció a servir al PM para salvar su carrera política que realmente había terminado.
    Por último,pues no deseo extenderme de forma improcedente, quisiera solo mencionar que ni el Sr. Hoare hablaba español, ni mucho menos, la señora del ministro hablaba inglés, por tanto, no acabo de entender cómo podían mantener una cordial conversación.

  3. Estimado Sr. Winston:

    Entiendo que su comentario no se refiere a esta entrada sobre Ruhleben, sino a esta otra: http://rosasalarose.blogspot.com.es/2011/07/el-incidente-diplomatico-de-samuel.html
    en la que relato un incidente diplomático en la que estaba involucrado el embajador británico en España Samuel Hoare.
    Que exprese abiertamente mis simpatías por un diplomático al que no vacilo en clasificar de gruñón no significa que tenga sobre él una perspectiva “hagiográfica”, como usted dice. Me parece un adjetivo sin duda exagerado.
    Tampoco afirmo en ningún momento de mi entrada que Hoare y la señora del ministro mantuvieran una “cordial conversación”, como usted dice, sino que Hoare se dirigió a ella al sentarse a su lado en el concierto. Para eso no hace falta saber decir más que “buenos días”. Pero independientemente del asunto idiomático, del que no dispongo de información, sí puedo asegurarle que tengo este incidente perfectamente documentado con material inédito procedente de dos archivos distintos, uno alemán y otro francés. Según este material, el incidente se produjo tal como lo explico en mi entrada.
    Por lo demás, he leído las memorias de Hoare y no tuve la impresión de que despreciara en ellas a España y a los españoles. Tal vez sea cuestión de puntos de vista.
    Agradezco su aportación sobre la divergente visión política y personal que, según dice, tenían de Hoare Colville y los “comentaristas e investigadores británicos” a los que alude. A fin de que otros lectores también puedan enriquecerse con ella, le sugiero que copie y pegue nuevamente su comentario en la entrada de mi blog que le corresponde. ¡Muchas gracias!

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