El cementerio judío de Berlín

Desde luego, no sólo los años de 1945 y 1989 fueron pródigos en suicidios debidos a un cambio radical de paradigmas en la sociedad alemana. También los grandes cambios de 1933 y los años que siguieron fueron ricos en muertes autoinducidas. La persecución y las deportaciones sometieron a la población judía alemana a tal presión que muchos refirieron ejercer un último gesto de libertad y decidir por su propia mano el momento de una muerte que tendría lugar igualmente y de una forma mucho más atroz. De entre todos ellos, casi dos mil fueron enterrados en el que ahora es el cementerio judío más grande que se conserva en Europa: el de Berlín-Weissensee.

Personalmente, ningún museo, ningún memorial y ningún campo de concentración ha logrado transmitirme nunca con tanta intensidad las verdaderas dimensiones del Holocausto como este lugar, por otro lado tan tranquilo, bello y apacible. Es posible pasear durante horas por sus 42 hectáreas y más de cien mil tumbas situadas casi en pleno centro de Berlín sin encontrarse con otro ser humano, a excepción de algún jardinero o empleado municipal.

La razón es evidente: a diferencia de los cementerios cristianos alemanes, con su permanente cohorte de viudas y huérfanos de visita, aquí apenas quedan supervivientes que perpetúen con su presencia viva el recuerdo de los difuntos. Y si los hay, suelen estar demasiado lejos, en puertos salvadores del exilio como Estados Unidos, Argentina o Israel. Sólo muy de vez en cuando la tradición judía de depositar un guijarro sobre la lápida de los parientes difuntos atestigua el paso de algún descendiente vivo venido desde algún lugar remoto. Es el caso por ejemplo, de Bertha Levy, fallecida en 1941 y cuyo esposo e hijos, según anuncia la lápida, murieron en fechas desconocidas en un campo de concentración innominado (‘umgekommen im K.Z.‘):

En 1942 el Tercer Reich convocó la llamada “acción de los metales” con la que pretendía reanimar su industria armamentística y hacer frente a las dificultades de suministro de materias primas. Las tabernas ofrecieron los tubos metálicos de sus espitas de cerveza, las amas de casa llevaron sus cacerolas de cobre y las iglesias sacrificaron las campanas, pero en el cementerio judío nadie pidió permiso. Las cadenas ornamentales y las placas conmemorativas de hierro y de bronce fueron arrancadas a la fuerza de las tumbas:

Aún hoy pueden apreciarse las columnas de mármol derribadas o las lápidas sacadas de su sitio por efecto de esta acción:

Irónicamente, en este mismo cementerio también yacen, con las lápidas perfectamente alineadas como soldaditos de piedra, cientos de judíos que cayeron durante la Primera Guerra Mundial y que dejaron inútilmente la vida en nombre de una patria alemana que consideraban suya, como este “aspirante a oficial” llamado Hans Segall, muerto en 1917 sin las charreteras que probablemente deseara:

En mi opinión, la tremenda ruptura de la tradición judía en Alemania queda puesta de manifiesto en este cementerio que, a diferencia del memorial de Auschwitz, apenas tiene visitantes. Éste es el lugar simbólico de la gran cesura, de la interrupción criminal, de la gran tragedia, piadosamente cubierta por el manto de hiedra que invade y tapa las tumbas desde hace más de medio siglo. Por debajo de su manto verde se adivinan los nombres olvidados.

11 thoughts on “El cementerio judío de Berlín

  1. Siempre he pensado que uno de los mayores agravios a los judíos ha sido sancionar, después de la guerra, la idea de que los judíos (alemanes) no eran alemanes, considerando lo que sucedió a los judíos alemanes como una agresión a otro país, a otra comunidad. Creo que se debe entender el nazismo principalmente como fue una agresión a la propia Alemania. Es la única manera de hacer justicia a todos los alemanes que sufrieron, durante las dos guerras, fueran judíos o no.

  2. En efecto, Lucila, parece que después del trauma de Auschwitz se ha acentuado todavía más la escisión entre “judíos” y “alemanes”, sin tener en cuenta la obviedad de que muchos judíos eran también alemanes y se sentían profundamente vinculados a su patria, como demuestran los caídos de la Primera Guerra Mundial. Muchos de los nombres de pila que figuran en esas tumbas son marcadamente alemanes, como “Siegfried” o “Herrmann”, y denotan un fuerte deseo de integración.

  3. Javier

    Si hay diferentes clases de muertes también hay diferentes clases de suicidios. Creo que a los que te refieres en el artículo -excelente, como casi todos los que escribes y que acabo de conocer- se pueden considerar en muchos casos como el anticipo de una muerte cuasi-inmediata. Es decir, me suicido antes de que me maten de alguna forma horrible. Por ejemplo, los que se dieron en Stalingrado ante la inminente victoria rusa. Pero en general, el fenómeno del suicidio está más asociado a la idea de que no soy capaz de vivir -la mayoría de las veces como consecuencia de la depresión. No conozco el cementerio de Berlín que citas y me lo guardo para una futura visita. A mí me impresionó el cementerio americano de Normandía, el que está próximo a Caen, y donde entre incontables sepulturas blancas con la cruz se pueden ver también las que muestran la estrella de David. Jóvenes de apenas 20 años que murieron sin haber pasado de las playas de Omaha y Juno. Disculpa, Rosa, la disgresión y mi enhorabuena por tus artículos.

  4. ¡Muchísimas gracias por el comentario, Javier! Me parece una digresión muy interesante, y sin duda el cementerio de Caen también merece una visita. Efectivamente, el suicidio de los judíos en Alemania durante el Tercer Reich, más que un acto de desesperación depresiva, parece haber sido en muchos casos un último gesto de libertad individual ante una muerte inevitable. Aunque un gesto impuesto por las circunstancias, desde luego. En el fondo, una especie de asesinato indirecto cuya responsabilidad recae por completo sobre el régimen nazi.

  5. Hola, Rosa, soy muy admirador de tus libros, en los que he aprendido mucho sobre la historia y la cultura alemana.
    Pero hoy quería comentarte que en el interesante libro de Ignacio Sotelo sobre Berlín, le dedica un breve apartado a los cementerios judíos de la ciudad. A mí me emociona especialmente el de Prenzlauerberg, donde está enterrado el pintor Max Liebermann. Saludos.

  6. ¡Hola, Fernando! Muchísimas gracias por tus amables palabras. No conocía el libro de Sotelo, pero tomo buena nota. Los cementerios judíos de Berlín son una visita obligada que recomiendo encarecidamente. Pocos sitios conozco que sean tan terribles y tan maravillosos a la vez… Un saludo muy cordial.

  7. Rosa, había leído un libro tuyo (y aprendido con él) y ahora descubro tu blog. Felicidades por tu trabajo. Realmente los judios alemanes han quedado olvidados, y me llegan tus palabras señalando que ya no quedan parientes o están muy lejos para visitarles y dejarles una piedra simbólica.
    Gracias y un saludo.

  8. ¡Gracias mil, Alfonso! Celebro que te haya gustado la entrada… y mis libros.
    Un saludo muy cordial.

  9. Élisa Vilache

    Muy bonito el post, Rosa.Acabo de leer precisamente en la revista Raíces un mini-reportaje de Ricardo Angoso sobre los cementerios judíos de Berlín,que parece que están de moda.Pero tengo una duda:creí que el cementerio más grande es el de Lodz,con más de 200.000 tumbas,pero el nº 1 en esta clasificación parece que se lo lleva Weissensee,¿será porque el de Lodz está peor conservado y nadie lo conoce?
    Un saludo afectuoso,
    Elisa

  10. ¡Gracias, Elisa! el cementerio judío de Lodz tuvo una extensión de 39,6 hectáreas y se cree que en él fueron enterradas 160.000 personas. El de Weissensee es algo mayor en extensión (42 ha), pero contiene menos tumbas (115.000), así pues son en cierto modo equiparables. Sin embargo, en los años cincuenta se construyó una urbanización sobre el terreno del cementario de Lodz y ya sólo queda un obelisco para recordar su existencia. Una interesante iniciativa (http://www.jewishlodzcemetery.org/o_cmentarzuDE.htm) está tratando de reconstruir virtualmente su antiguo aspecto, por medio de fotos viejas y listados de nombres. Un cariñoso saludo a ti también, Rosa

  11. elisa

    ¡Muchísimas gracias atrasadas,Rosa,por la información!
    Tomo buena nota del dato.Y la página web de Lodz,que desconocía,es muy interesante.
    Elisa

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