Un cónsul en Barcelona

Recientemente una investigación me llevó a buscar documentos relativos a la Segunda Guerra Mundial en un archivo de Berlín. Concretamente, mi intención era ver los legajos del consulado alemán de Barcelona durante los años aciagos de 1933-1945. Como era de esperar, no encontré gran cosa. Las listas del personal de limpieza del consulado o el calendario de vacaciones, por ejemplo. O los formularios para la solicitud de salvoconductos que permitían el acceso de los miembros de la colonia alemana a su lugar de veraneo, generalmente Camprodón. (Por lo visto, antes de la revolución turística de los sesenta los alemanes preferían la montaña).

Hans Kroll

Hns Kroll

Puede haber miles de razones por las cuales un archivo esté vacío o no ofrezca la información que debería contener. Pero en este caso, la razón tiene nombre propio y se llama Hans Kroll.

Kroll, un diplomático de carrera, fue consejero en la embajada alemana de Turquía de 1936 a 1943. Según sus memorias, en este último año tuvo desavenencias con Franz von Papen, uno de los artífices de la “Anexión” alemana con Austria y por entonces embajador alHans Kroll, 'Memorias de un embajador'emán en Turquía. (Al parecer, Kroll le habría reprochado a Papen que hubiera seguido en su puesto de embajador a pesar de que sus mejores colaboradores y amigos hubieran sido asesinados por los nazis). Como castigo, fue supuestamente “arrinconado” en el puesto de cónsul general en Barcelona, un puesto que Kroll considera en sus memorias como “completamente apolítico”, a pesar de la innegable importancia estratégica de España durante la guerra y de su delicada posición en el panorama internacional.

A finales de 1945, cuando las presiones aliadas a España para forzar la entrega de ciudadanos alemanes afines al régimen nazi se hicieron demasiado intensas para seguir ignorándolas, muchos alemanes residentes en España trataron de huir a Hispanoamérica o al Norte de África. Kroll nos cuenta que

se hacían crecer la barba, adoptaban nombres falsos o incluso se ofrecían a las autoridades aliadas como agentes o informantes. A mí esta actitud me parecía indigna y me decidí a regresar a la patria a cualquier precio, incluso a costa de ser internado.

Kroll era amigo del gobernador civil de Cataluña, Antonio Correa Veglison –llamado por algunos “el siniestro Correa”–, y éste le prometió que tanto él como su familia y sus colaboradores podrían quedarse en España “hasta que se hubieran aclarado las circunstancias en Alemania”. “Ningún español –le dijo Correa– podría conciliar con su honor el dejar en la estacada en medio de una gran desgracia a sus viejos amigos alemanes que tanto habían ayudado a su patria en horas difíciles”. Aun así, a finales de enero de 1946 Kroll fue detenido y tuvo que pasar una sola noche en el calabozo por orden de Madrid. Su amigo Correa acudió al día siguiente a rescatarlo y pedirle disculpas:

A Correa, este hombre honrado y probo español, este incidente le resultó tanto más embarazoso cuando supo que, tras el hundimiento, yo había destruido todos los documentos, incluidas las invitaciones y tarjetas de visita, que habrían podido incriminar a mis amigos españoles ante los vencedores aliados.

Pues bien, ahora ya sabemos por qué el archivo del consulado alemán de Barcelona apenas conserva documentos de interés. Y también el motivo por el que seguramente no sabremos nunca quiénes eran los topos que la Gestapo tenía en la policía franquista, gracias a los cuales los agentes alemanes estaban siempre al corriente de las detenciones de refugiados y disidentes afectuadas en la frontera.

Fortaleza de Hohenasperg

Fortaleza de Hohenasperg

En 1946, Kroll fue conducido al centro de internamiento del ejército americano en Hohenasperg. “La recepción por parte de las autoridades ocupantes americanas no fue amable en absoluto”, se queja Kroll. “La alimentación era monótona”. Además,

por primera vez en la historia de la diplomacia moderna, se había internado a miembros del servicio diplomático alemán, haciendo caso omiso de la inmunidad diplomática antaño siempre respetada. Hicimos saber a la dirección americana del centro que en este sentido estaban actuando con mayor severidad que el mismo Hitler.

Resulta curioso que Kroll se mostrara tan escandalizado ante el trato recibido en un momento en que el mundo entero ya conocía los horrores de Auschwitz.

Pero si piensan que la actitud y los puntos de vista de Kroll, publicitados sin ambages en su autobiografía, perjudicaron de algún modo su carrera en Alemania, se equivocan. Nada más terminar la guerra, y tras haber testificado contra Von Papen en el Proceso de Núremberg, Hans Kroll militó en el Partido Cristiano-Demócrata (CDU) y fue nombrado embajador de la R.F.A. en la URSS en 1958. Se jubiló como consejero del gobierno alemán.

Hans Kroll (centro) en Moscú en 1959

Hans Kroll (centro) en Moscú en 1959

Sin embargo, a pesar de su empeño, Kroll no logró destruirlo absolutamente todo. Su afán depurador no tuvo alcance suficiente para llegar al archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán. Allí encontré un telegrama firmado por él y enviado a Berlín el 5 de octubre de 1942 . Se trataba de un ciudadano austriaco residente en Barcelona llamado Walter Pennecke, sospechoso de militar en un comité para la liberación de Austria. No hay pruebas contra él, pero, como nunca se sabe, Kroll estima adecuado actuar preventivamente, así que encuentra una solución que revela mucho sobre su verdadero talante: “Pondremos a Pennecke en manos de la policía española, argumentando falsamente que ejerce actividades comunistas”. No es necesario precisar las consecuencias que podía tener en la España de 1942 ser acusado de “rojo” por tan alta instancia.

Teniendo en cuenta que la autobiografía de Kroll apareció en 1967 en una editorial alemana seria –es decir, no de extrema derecha– y que no suscitó controversias de ningún tipo, se hace patente hasta qué punto, aun con todos sus defectos, resultaba necesaria para la sociedad alemana la revolución ideológica del 68.

6 thoughts on “Un cónsul en Barcelona

  1. Brema

    La reflexión final es apabullante.

    Sobre los archivos: hace poco estuve en el del Ministerio de Asuntos Exteriores de Berlín. La documentación sobre España es muy exigua. No sé si se debe a que muchas embajadas y consulados hicieron lo mismo que Kroll o si fue debido a los bombarderos aliados durante la guerra.

  2. Gracias, Brema. Me temo que la exigüidad de los archivos alemanes sobre España se debe sobre todo a las actitudes “à la Kroll”. Tengo entendido que en Madrid la policía española concedió amablemente varios meses de tiempo a los trabajadores de la embajada alemana para que eliminaran lo que les pareciera necesario antes de que los Aliados se hicieran con el material. Lástima por toda esa información histórica perdida para siempre…

  3. Importante el trabajo de investigación y los datos obtenidos. Un tema que no acabo de entender es como tranquilamente, se convierte en embajador en Belgrado, el 1º desde 1945, TOKYO, y en 1958 no había pasado nada y nos aparece como EMBAJADOR en MOSCU!! Y claro en 1967, sería interesante saber si postumamente, nos cuenta su vida, obra y milagro de supervivencia. Suerte que tú Rosa has podido traspasarnos la memoria del Sr. W. Pennecke. Seguro que no llegó a escribir lo que le pasó.
    Un saludo,

  4. ¡Hola, Alfonso! Muchas gracias por tu amable comentario. Seguro que todavía dedicaré varias entradas a otros personajes que desarrollaron una exitosa carrera en la RFA después de 1945 a pesar de haber estado seriamente implicados en el régimen nazi. Son legión. Es un hecho realmente siniestro, aunque algunos estudiosos lo consideran inevitable cuando se trata de reconstruir un país. Un cordial saludo, Rosa

  5. j: Antonio Prieto

    Rosa; Yo Tengo algunos Documentos de Kroll, llegaron a mi como Coleccionista de Militaria, en Uno de ellos el Agradecimiento por el Intercambio de Prisioneros en Barcelona, y otro Invitando a una Fiesta.
    Todos estos Documentos ivan dirijidos al Gobernador Militar de Barcelona- Un Saludo muy Cordial.

    • Rosa Sala Rose

      Estimado J. Antonio, qué interesante, ¡muchas gracias por informarme! Por lo que dices parecen documentos más bien inocuos, relacionados con su vida oficial. Pero interesantes, de todos modos. ¿Aparecen los nombres de los prisioneros intercambiados, o de los invitados a la fiesta?

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