La muerte de Hitler en El hundimiento

Imagino que casi todos los lectores de este blog han visto la célebre película El hundimiento, de Oliver Hirschbiegel, y se habrán dejado llevar, como yo, por la fascinante ilusión de ser testigos imparciales de uno de los episodios más terribles y grotescos de nuestro malogrado siglo XX. La aparente autenticidad documental del filme, que contó con el asesoramiento de historiadores de la talla de Joachim Fest, contribuye a afianzar la sensación de no estar viendo una película, sino un pedazo de historia. En ella, según venía a decir el mensaje promocional, no hay mitos, sino sólo testimonios. Ni siquiera Hitler aparece como un monstruo, sino como lo que verdaderamente fue, por muy mal que nos pese: un ser humano como nosotros, con todas sus miserias y flaquezas.

Sin embargo, ¿realmente es así? Les sugiero que comparen conmigo algunas escenas. El Hundimiento no es precisamente una película que escatime en sangre, cadáveres y escenas duras, tal como no podía ser de otro modo dada la apoteosis de violencia que acompañó la caída del Tercer Reich. Vean, por ejemplo, la muerte en directo de este muchacho de las SS:

Si todavía tienen humor, vean ahora la muerte de Joseph Goebbels y de su esposa Magda:

¿Qué habrá hecho Goebbels para merecer que, a diferencia de lo que sucede con el muchacho de las SS, la cámara se aparte discretamente de él en el momento del disparo? Vean ahora cómo muere el protagonista indudable de la película:

¿No les parece curioso que Hitler muera tras una puerta cerrada y que su cadáver sea el único que se le muestre al espectador piadosamente cubierto por una manta? El cineasta alemán Wim Wenders parece haber sido el primero en alertar sobre este detalle en el semanario Die Zeit:

Del mismo modo que Hitler se da la vuelta cuando muere su perra Blondie, la película se aparta en el momento en que muere el Führer. […] ¿Por qué no mostrar que ese cerdo, por fin, ha muerto? ¿Qué clase de proceso de represión se desarrolla ahí ante nuestros ojos?

Algunos detalles específicos de la muerte de Hitler todavía están por aclarar: ¿Se suicidó pegándose un tiro en la sien –esta sería la versión más “heroica”— o se envenenó primero con ácido prúsico y se disparó después? ¿O sólo tuvo valor para tomar veneno, haciéndose disparar después por una tercera persona? No obstante, estas dudas no bastan para justificar que la película ni siquiera nos muestre el cuerpo difunto del dictador. Tanto más cuanto que en el ensayo histórico de Joachim Fest El hundimiento sobre el que se basó el filme aparece descrito con soberbia y cinematográfica precisión:

Hitler estaba sentado en el sofá de tela floreada, con los ojos abiertos, el cuerpo desplomado y la cabeza algo inclinada hacia delante. La sien izquierda estaba perforada por un orificio del tamaño de una moneda por el que había salido un hilo de sangre…

Si la película pretendía mostrar por fin a un Hitler humano, tal como han afirmado repetidamente sus responsables, nos debía la visión de sus despojos. Acaso la habríamos intercambiado de buen grado por la de tantos cuerpos de civiles amputados, ensangrentados o carbonizados por las bombas con la que la cinta nos atormenta.

La ironía de este cadáver ausente aumenta si se tiene en cuenta que las primeras investigaciones realizadas en 1945 sobre los últimos días de Hitler en el búnker, valiosos testimonios de primera mano sin cuya documentación esta película jamás se habría podido realizar, se efectuaron precisamente con el único fin de demostrar la muerte del dictador. En efecto, en noviembre de 1945 un joven miembro del servicio de inteligencia militar británico, Hugh Trevor-Roper, recibió un encargo que determinaría su carrera de historiador: viajar a Alemania y documentar todos los detalles relativos a la muerte del dictador a fin de confirmarla definitivamente. Se trataba sobre todo de desmentir la posición de Stalin, según la cual Hitler seguía vivo y bajo la protección de Occidente.

Por aquel entonces, las especulaciones sobre las circunstancias de la desaparición de Hitler eran numerosas y dispares: los más fieles le suponían una muerte heroica en defensa de Berlín, mientras otros alegaban haber visto cómo lo asesinaba un grupo de oficiales en el Tiergarten. Quienes lo suponían con vida, lo imaginaban en una brumosa isla del Báltico, en una fortaleza renana, en una hacienda de Sudamérica o protegido personalmente por Franco en un monasterio español. Estas especulaciones no eran nada convenientes para los países occidentales en el nuevo contexto de la Guerra Fría, en el que interesaba dar carpetazo al nazismo cuanto antes. Pero para eso, obviamente, había que demostrar sin género de dudas que su principal impulsor era un fiambre. En 1947 el resultado de las pesquisas de Trevor-Roper salió a la luz en forma de un fascinante clásico de la historiografía, Los últimos días de Hitler, que el autor amplió y corrigió a cada nueva edición –la última es de 1995–, recogiendo los numerosos datos nuevos que han ido saliendo a la luz gracias sobre todo a la apertura de los archivos soviéticos.

Como anécdota final, cabe recordar que en 2002 apareció un pedazo del cráneo de Hitler que, según parece, le habría sido enviado a Stalin en 1946, junto con unos pedazos de la tapicería ensangrentada por el disparo. En él se aprecia claramente el orificio de bala:

Cráneo Hitler
Tras aplicar para su estudio las más modernas técnicas forenses, el criminólogo alemán Mark Benecke constató sin lugar a dudas que el orificio responde a un agujero de bala y, si bien no pudo comprobar la presencia de restos de veneno, no descarta que existieran.

Con la aparición de este fragmento de hueso en los archivos secretos rusos podría darse finalmente por zanjado el zarandeado debate sobre la muerte de Hitler… Si no fuera porque la prueba del ADN recientemente realizada por el arqueólogo norteamericano Nick Bellantoni ha demostrado que se trata del cráneo de una mujer.

Hitler habría quedado entusiasmado al ver hasta qué punto se ha perpetuado su mito.

14 thoughts on “La muerte de Hitler en El hundimiento

  1. Querida Rosa: Gracias por seguir ofreciéndonos otras miradas. Tus textos/pensamientos tienen una agilidad increíble.

  2. Sensacional post Rosa, gracias por compartir con nosotros estos temas.

  3. ¡Muchas gracias a los dos! Un saludo muy cordial y gracias por leerme.

  4. No, aún no la he visto.
    Ahora, con tus matices, no hay excusa para no verla.

    Hace poco vi Valkiria y me entretuvo. Me gustó mucho. No sé hasta qué punto baila con la realidad que fue.

    Saludos.

  5. Un blog magnífico, al igual que todos sus libros, que he disfrutado muchísimo. Gracias por sus palabras, en el sentido más literal. El poder escuchar los post me ha parecido una idea fantástica. Un saludo muy cordial y afectuoso

  6. Sergio S.

    Pues si, es una triste verdad como se perpetua el mito, ya que, como bien sabemos, la semilla del nazismo, sigue floreciendo con fuerza en los países (incluso regiones de otras latitudes) de mayoría blanca… y se atisba en el horizonte un resurgimiento de estos perros de guerra… muy triste en verdad…

  7. Ramiro Moar Calviño

    Siento admiración y amor (no siempre van unidos)por “El misterioso caso alemán” y “Lili Marleen”. Es una gran alegría, mientras espero su siguiente libro, el poder disfrutar de su escritura gracias a este blog que me recomienda mi amigo el profesor López Silva.

  8. Estimados Blumm, Xose Antonio, Sergio y Ramiro:
    ¡Muchísimas gracias por estos amables comentarios! Continuar con este blog cuesta tiempo y esfuerzo, pero palabras como estas cuentan entre las alegrías que sin duda también proporciona. Un afectuoso saludo.
    PD: Blumm, no he visto “Valkiria”…

  9. Una mínima reflexión: no será tal vez la voluntad de evitar que tanto nazi chalao disponga de un trocito de filme con el que a modo de relicario visual, poder rendir servidumbre al extinto cabo de Bohemia en su momento postrer? No me había dado cuenta de la diversidad de tratamientos, la verdad, la había borrado de mimemoría. Genial reflexión as usual, Dra. Sala. P. S. Ha visto V. ya Valkiria?

    • Rosa Sala Rose

      ¡Hola! Su teoría es interesante, pero iría en contra de la política de transparencia total y humanización de Hitler a la que supuestamente aspira la película. Además, de ser así, ¿por qué no indicar abiertamente ese motivo? No sé… En cualquier caso, me alegro de que le haya interesado la reflexión y muchas gracias por haberse pasado por mi blog. En cuanto a Valkiria, no, no la he visto todavía, pero ahora mismo la apunto en la lista.

  10. Antoni Clapés

    Les teves piulades, Rosa, són l’únic que té interès, per a mi, de Twitter: em porten a textos magnífics, i com escrivia Gómez-Pato, són d’una agilitat precisa. Enhorabona. Endavant!

    • Rosa Sala Rose

      Moltíssimes gràcies, Antoni!

  11. Pedro

    Solo hay una cosa que no entiendo. Los “alemanes” han sido siempre un pueblo belicoso, el mas belicoso.
    menospreciados y ridiculizados hasta niveles grotescos que cala en la iconografia popular historica contemporanea, sustentada hoy en dia exclusivamente en el visionado de films “basados en hechos reales”. Luego llega la ducha de realidad y el ciudadano medio no comprende como esa panda de inhumanos y desalmados, tarados y torpes obedientes que, por millones, son capaces de luchar como uno solo hasta el final. Mas que derrotados (aniquilarlos tras la guerra era la pretension de Stalin, que hubo de ser frenada por los EE.UU.) han resultado ser un modelo a seguir… una vez mas. Todos miran a Alemania y nadie entiende nada, porque no esta bien explicado. Todo esta tergiversado.
    Ahora hay dos formas de ver a la poblacion alemana: los alemanes y los nazis, como si en aquel tiempo hubiera habido una diferencia y toda la historia de Alemania se redujera a los ultimos 70 años. Frente a lo que algunos creen ser aleman no es una cuestion meramente racial (identificacion visual), mas bien es una especie de filosofia historica anterior incluso a Roma. El aleman esta orgulloso de serlo, aunque no este bien visto hoy en dia que lo admitan.

    Me gusta su blog.

    • Rosa Sala Rose

      Estimado Pedro, muchas gracias por su comentario. Su confusión es muy comprensible. Alemania es una nación que en menos de cien años ha pasado de ser la más odiada a una de las más admiradas. Dediqué un par de años de mi vida a analizar estas paradojas a las que usted se refiere, sobre todo a “la especie de filosofía histórica” a la que alude. El resultado es mi ensayo “El misterioso caso alemán. Un intento de comprender alemania a través de sus letras” (editorial Alba). Le dejo aquí una reseña que zuiá, en cierto modo, sea también una respuesta a su pregunta: http://www.letraslibres.com/mexico-espana/libros/el-misterioso-caso-aleman-un-intento-comprender-alemania-traves-sus-letras-rosa-sala-rose

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