Sobre el significado de Arbeit macht frei

Recientemente la cínica inscripción de hierro que los dirigentes nacionalsocialistas hicieron colgar en lo alto de la entrada principal de acceso al campo de exterminio de Auschwitz, testigo del paso de miles y miles de víctimas del Holocausto, ha estado de actualidad como consecuencia del robo de que fue objeto el pasado 18 de diciembre. Pocos objetos representan como éste el valor incalculable que unos trozos de hierro viejo pueden adquirir cuando constituyen un símbolo. Únicamente esa dimensión simbólica, profundamente sentida por los supervivientes y sus descendientes, los hace codiciables y susceptibles de ser robados.

El cartel de Arbeit macht frei (literalmente ‘el trabajo hace libre’) es la más pequeña de las muñecas rusas del simbolismo de todo un siglo. El portal que lo ostenta constituye la insignia simbólica del campo de exterminio de Auschwitz; éste, a su vez, es el lugar simbólico por excelencia del Holocausto; Auschwitz, por otro lado, es el lugar simbólico por excelencia del Holocausto; y el Holocausto, por su parte, ha pasado a ser el símbolo absoluto del mal y en el representante ideológico de nuestro malogrado siglo XX. Ése es el peso que los tres jóvenes rateros han llevado tranquilamente sobre sus espaldas durante unos pocos días, hasta que, troceada y reducida a su humilde categoría original de hierro viejo, la ajada leyenda ha sido recuperada.

Sin embargo, no fue Auschwitz el único campo que la ostentó, como demuestran las siguientes fotografías de los campos de Sachsenhausen, Dachau y, en una versión algo más modesta, Theresienstadt.

Tan sólo Buchenwald se diferencia de los demás campos por su sentencia distinta: Jedem das Seine (‘A cada uno lo suyo’):

Buchenwald

Buchenwald

Todas estas inscripciones comparten la circunstancia de que se ciernen sobre la puerta de entrada del campo, justo en la línea divisoria entre la normalidad y un microcosmos tan terrible como absurdo en el que ninguna de las normas éticas y sociales del exterior resulta aplicable.

Se ha discutido mucho sobre el sentido de estas palabras, ‘el trabajo hace libre’, en los campos nazis. El letrero se creó en 1940 para la entrada del primero de los diversos Lager que constituyen Auschwitz –Auschwitz I– que estaba destinado sobre todo a albergar a los disidentes polacos. (Los judíos y los gitanos serían exterminados más adelante en el segundo campo, Auschwitz II Birkenau). En un artículo de 1959, Primo Levi considera que la frase encierra una metáfora del futuro Nuevo Orden nazi y parafrasea del siguiente modo su sentido:

El trabajo es humillación y sufrimiento, por lo que no encaja con nosotros, el Herrenvolk, el pueblo de dominadores y héroes, sino para vosotros, enemigos del Tercer Reich. La única libertad que os espera es la muerte.

Sin embargo, esta interpretación entra en colisión con la gran importancia ideológica que el nazismo otorgaba al trabajo. Fueron trabajadores alemanes –organizados en el llamado Frente de Trabajo del Reich– los que construyeron las celebérrimas autopistas y recibieron toda clase de honores públicos. En El triunfo de la voluntad de Leni Riefenstahl, por ejemplo, desfilan con orgullo llevando simbólicamente una gran pala al hombro en lugar del fusil:

Soldados alemanes

Soldados alemanes

Asimismo, en la entrada de los campos de trabajo para los alemanes arios del Reich figuraba la leyenda Arbeit adelt (‘El trabajo ennoblece’). Y en las proclamas oficiales se considera el trabajo uno de los principales medios de educación y formación de la juventud alemana.

No es en el desprecio del trabajo, por tanto, donde cabe buscar el cinismo de la inscripción nazi. De cara a la opinión pública, los campos de concentración tenían como objetivo reformar a los prisioneros y habituarlos a constituir un eslabón útil en la sociedad alemana, y para ello iba a emplarse el trabajo –forzado, claro está– como instrumento principal de dignificación. Desde este punto de vista, las inscripciones en los portales de los campos, visibles para cualquiera que se aproximara desde el exterior, tendrían una función propagandística y no habría que entenderlas de forma irónica, sino literal: una vez el prisionero hubiera trabajado lo suficiente para reformarse, alcanzaría la libertad. Una idea tranquilizadora.

Por supuesto, nada de todo eso sucedía en realidad. Muy pocos prisioneros fueron liberados de los campos, y el trabajo que supuestamente debía constituir su pasaporte para el exterior era a menudo la causa de su muerte. Aun así, sólo los presos que lograban pasar la selección inicial y eran considerados aptos para el trabajo tenían alguna posibilidad de sobrevivir al menos unos meses más.

El biógrafo de Himmler Peter Padfield aún establece dos lecturas más de la célebre frase, ninguna de ellas irónica, una destinada a los prisioneros y otra a los guardianes del campo: si Hitler había manifestado que la doctrina nacionalsocialista “no es una doctrina de felicidad y buena suerte, sino de trabajo, de autosuperación y de sacrificio”, la frase Arbeit macht frei indicaba a los prisioneros que estaban obligados a trabajar y a morir como único modo para redimirse de su cualidad de infrahombres y para liberar al Reich del infausto peso de su presencia.

En cuanto a los guardianes del campo, la frase les recordaba que su trabajo de aniquilación de los infrahombres era necesario para curar las heridas que éstos causaban a la comunidad del pueblo, un trabajo tan meritorio que al ejercerlo quedaban automáticamente liberados de toda culpa.

En definitiva, la misma frase tendría un sentido propagandístico para los alemanes libres, otro de perversa redención metafísica para los prisioneros y uno de autoexculpación para los guardianes. Una tríada de significados que encajan entre sí con inquietante perfección.

El cerrajero polaco Jan Liwacz, uno de los prisioneros encargados de forjar el arco que lleva la leyenda, afirmó en 1965 que la “b” de “Arbeit” había sido invertida expresamente, como discreto signo de protesta. No se sabe si las SS cayeron en la cuenta, ni tampoco si esa “b” invertida tuvo alguna importancia simbólica como signo de resistencia para los prisioneros durante su reclusión. También podría haberse tratado de un simple error durante los trabajos de soldadura. En cualquier caso, la presencia de esta imperfección, premeditada o no, incorpora una anomalía consoladora en la calculada y perversa polisemia de la frase. La “b” invertida de Auschwitz muestra la humana belleza de la imperfección: la ruptura simbólica con la eficacia rigurosa de una fábrica de muerte.

11 thoughts on “Sobre el significado de Arbeit macht frei

  1. Anonymous

    Vaya análisis tan interesante de las palabras como cosas y el contraste de los significados. Es un texto sugerente pero también con buenos datos que nos aclaran. Felicitaciones a su autora.

  2. No sólo el letrero sino la imagen terrible de las vías del tren que se dirigen hacia la entrada de Auschwitz son un símbolo terrible del siglo XX. Felicidades por el artículo.

  3. Excelente artículo. Sólo me convence poco lo de la B al revés: la explicación del herrero suena a excusa o a relato inventado después como (auto)justificación.

  4. Por casualidad encuentro este blog cuando estoy leyendo “El misterioso caso alemán” con auténtica fruición. Ya le dedicaré alguna nota.

  5. Cuando dices que la reliquia ha sido felizmente recuperada, me he preguntado…. ¿Felizmente recuperada? ¿Para quién? Lo digo porque a mí no me produce felicidad ninguna su recuperación. Claro que ni soy historiador ni germanista sino todo lo contrario; pero lo cierto es que me hubiera encantado que los cacos acabasen cobrando cuatro cuartos por vender el trasto a peso en una chatarrería. Diferente sería un robo organizado por profesionales especializados-a los que, tengo por seguro, nunca se hubiera detenido-, enviados por un mando del campo aún vivo y nostálgico (o descendiente de) que quisiera colocar el rótulo en el jardín de su casa.
    La pieza, en sí misma, no atesora una categoría como para que pueda ser considerada “patrimonio universal” bajo el auspicio de la Unesco u organizaciones parecidas, y evidentemente tampoco creo que necesitemos de estas prendas para recordar lo inolvidable. Por eso mismo supongo que a quienes sobrevivieron al campo, pasando por él como víctimas, no les debe haber hecho una ilusión especial la recuperación del letrero. Acaso la recuperación del objeto “es feliz” para la policía…pero demostrar su poder pescando a unos delincuentes de poca monta no parece algo suficientemente sustancioso como para henchirse de orgullo ante el espejo a la hora del afeitado.

    Dices antes que “una dimensión simbólica, profundamente sentida” hace de estos hierros viejos algo susceptible de ser robado.
    Presumo que esa dimensión simbólica sólo la podrían asumir tan profundamente quienes se sintiesen representados por el lema. No creo que el herrero ni el prisionero obligados a soldarlo a la verja se reconocieran en el fetiche con esa profundidad especial que los convirtiese en devotos. Eso queda, pues, para quienes hubieran estado -o querido estar- “del lado bueno del lema”* o sea, en la cúspide de la pirámide del campo de concentración. (En el extremo opuesto, alguien que se sintiese profundamente tocado en negativo por el cartelón y lo que representa, no querría robarlo -para poseerlo- sino destruirlo).

    *(¿Cabría también la posibilidad, no sabría calibrar si más retorcida que la antedicha, de sentir el deseo de haber pasado por un campo de concentración como víctima? Todo puede ser).

    También dices que el Holocausto se ha convertido en representante ideológico del malogrado siglo XX… Esto, simplemente no lo entiendo; no sé qué estás diciendo o qué quieres decir.

    Un saludo, Rosa.

  6. Rosa, leí este verano tu “Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo” con auténtica fruición. Y estoy absolutamente de acuerdo con quien te prologa y dice que “lo valiente es comprender”. Saber el porqué de las cosas debería ser obligación de cualquier historiador que se precie, independientemente de su adscripción política o intelectual. Un saludo y felicidades!

    Isabel
    http://www.locutriz.es/blog/

  7. Qué delicia.
    Gracias.

  8. Exhaustivo trabajo de análisis y genial lectura. Un abrazo de un nuevo lector.

  9. De vuelta de las vacaciones, aprovecho para desearte un feliz 2010. El post, como siempre interesantísimo. La referencia a Levi me parece más útil, si cabe, porque gran parte de sus libros posteriores a su trilogía de Auswichtz son una reflexión, en muchos casos, sobre el significado del trabajo. No conocía la inscripción de Buchenwald, que debe ser la traducción del “Dare suum cuique”, de Ulpiano, la definición clásica de “justicia”, para el mundo del derecho. Un saludo muy afectuoso

  10. Arbeit Macht Frei, parece ser un heredero del cristiano ‘La Verdad os hará Libres’… En ambos casos ese ‘Libres’ es un eufemismo de muerte violenta, bien sea del cuerpo o del alma.

  11. […] barre la realidad. Tal vez a el o los que se les ocurrió el lema de Arbeit macht frei tuvieran una intención irónica, o como diría Cuní, sarcástica; los millones de asesinados no son una ironía. Millones. Son […]

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