Werner Barasch, un fugitivo judío en un campo español

Descubrí a Werner Barasch en un archivo gerundense. Entre los cientos y cientos de páginas que iban pasando por mis manos, escritas a máquina y con sintaxis prolija y burocrática, me llamó la atención la siguiente carta:

Carta de Werner Barasch
Carta Barasch2red

Ya lo ven: manuscrita y sobre una cuartilla cuadriculada de papel barato. Data de 1941 y procede de la Prisión de Figueras. Me sobresaltó ver entre los papeles de los refugiados extranjeros encarcelados en la España franquista la caligrafía de alguien tan joven. Al principio lo tomé por un niño, pero ya había cumplido los 21 años.

A pesar de lo que sugiere su letra infantil, la vida había obligado a su autor, Werner Barasch, a madurar de golpe. El muchacho procedía de una reputada familia judía de Berlín. Antes de la Primera Guerra Mundial, su padre, Arthur Barasch, había introducido en Alemania el sistema de los grandes almacenes. También era un gran mecenas de las artes que organizaba exposiciones en su gran comercio de Breslavia, en Polonia. Le procuró a su hijo una educación exquisita y solía espolearlo diciéndole: “Sólo los mejores resultados están a tu altura”.

Pero en la educación acabó entrometiéndose la historia y Arthur Barasch moriría prematuramente al lanzarse contra la alambrada eléctrica del campo de concentración de Sachsenhausen. Su parte de defunción informó cínicamente de que había sido “incinerado a cargo del Estado”. Su hijo lo averiguó cuando, tras un desesperado periplo por Europa, ya había recalado en España, prisionero en el campo de concentración de Miranda de Ebro por ser “apátrida” y estar en edad militar. Tras saber de la muerte de su padre decidió sobrevivir a toda costa para no defraudarlo.

Barasch, joven

Barasch, joven

El joven y menudo Werner Barasch, acosado por el nazismo y todavía atrapado en la ratonera europea, se había convertido en un verdadero artista de la evasión, en un Houdini templado por la historia. Había logrado huir de seis prisiones y campos de concentración, entre ellos el de Ruchard y el de Argèles. Fueron las cárceles y los campos españoles los primeros que se le resistieron. En Miranda de Ebro trató de escapar agarrado a los bajos de un camión, pero no pudo soportar la quemadura que el tubo de escape le produjo en la rodilla. Los guardias gritaron “Me cago en su madre, ¡hay alguien escondido debajo del camión!”. Barasch evitó los disparos que solían cortar por lo sano los intentos de fuga en Miranda al sorprenderlos con un torrente de palabras en español fluido. A diferencia de los demás prisioneros extranjeros, reacios a hablar en la lengua de sus opresores, Barasch había aprendido castellano unos meses antes al leer el Quijote en la Prisión de Figueras gracias a un pequeño diccionario francés-español que le había comprado a un preso a cambio de su ración de pan. Fue también este español tan precariamente aprendido el que le había permitido escribir, aunque en vano, la carta reproducida al principio.

Éste y otros acontecimientos de sus peripecias por Europa llevaron a Werner Barasch a plantear varios principios fundamentales para la supervivencia que, entre otras cosas, detalla en sus memorias:

– Si te enfrentas a una fuerza superior a ti, negocia o retírate. No trates de mostrar un orgullo innecesario.
– Reprime tus emociones. Procura analizar racionalmente tu situación.
– No te sientas víctima. Intenta tomar todo lo que te pasa como un desafío.
– Aprende la lengua de tu enemigo.

Cuando logré contactar telefónicamente con él, ya nonagenario, en su casa de Saratoga, me habló de estas memorias, que había escrito en inglés y alemán en una versión autoeditada que pasó bastante desapercibida. Logré persuadir a la editorial Alba para que las publicara en castellano con la calidad que merecen. Aparecieron en 2003 bajo el título Fugitivo. Apuntes autobiográficos (1938-1946). No hace falta que les diga que se las recomiendo encarecidamente.

Fugitivo de Werner Barasch

Fugitivo de Werner Barasch

A pesar de su delicado estado de salud, Werner Barasch se empeñó en cruzar el océano y venir a Barcelona para la presentación de su libro. Estaba tan débil que apareció acompañado de un empleado del aeropuerto que lo conducía en una silla de ruedas. Vivió el día de la presentación –para la que se había puesto, excepcionalmente, una corbata– con visible excitación y nerviosismo. Con su aguda inteligencia, su mirada despierta y su menuda figura, cautivó al auditorio, lamentablemente escaso, explicando el rico anecdotario de sus múltiples huidas. Al día siguiente le brillaron los ojos como a un niño cuando vio por primera vez un libro suyo apilado en la mesa de novedades de una librería.

Werner Barasch

Werner Barasch

Iba a ser el último viaje de Werner Barasch, y él lo sabía. Había tomado el regreso a Europa como su nuevo y último desafío. Su empeño le permitió hacer las paces con una España que había marcado traumáticamente su juventud al tratarlo cruelmente y encarcelarlo sin motivo. Apenas dos semanas después, la muerte visitó a este superviviente nato en su solitaria casa de Saratoga, probablemente anticipada por un viaje que había superado lo poco que todavía toleraban sus fuerzas. Todo apunta a que murió contento.

3 thoughts on “Werner Barasch, un fugitivo judío en un campo español

  1. Me compraré el libro.
    Saludos.

  2. De inmediato pienso comprarlo. Gracias no sólo por la recomendación, sino por haber hecho posible esa publicación, Rosa. Un saludo muy afectuoso

  3. GRAMSCIEZ

    Lo he leído recientemente, y la pista fue ver la introducción de Rosa Sala; interesante, si bien sabe a poco ya que no cuenta mucho sobre otros prisioneros y sobre todo la urdimbre de la resistencia política en las carceles, sobre todo en el campo de Miranda de Ebro, por la parte del P.C.E. etc.
    Aún así, muy necesario este testimonio y el de otros que vivieron esos hechos históricos del Nazismo Europeo, incluido en España!
    Firmado GRAMSCIEZ.
    ¡Un saludo cordial!

Deja un comentario