El monito de Mendelssohn

¿Qué les parece este monito de porcelana? Lo tenía visiblemente expuesto en una repisa de su salón la hermana del compositor Felix Mendelssohn:

Bastante feo, ¿verdad? Así se lo pareció también a la escritora judío-alemana Fanny Lewald cuando fue a visitar a la hermana del compositor, según cuenta en su autobiografía. Le sorprendió tanto más cuanto que la casa de su anfitriona estaba decorada con exquisita elegancia, así que no pudo contenerse y le preguntó por qué exhibía en su casa un objeto tan desagradable.

–¡Oh! –respondió–, no son objetos de decoración, sino figuras heredadas y documentos históricos. En la época en la que mi abuelo Moses Mendelssohn se instaló aquí en Berlín, todo judío que contrajera matrimonio debía adquirir una cantidad determinada de porcelana de la manufactura real, una institución que Federico el Grande se había empeñado en promocionar costara lo que costara. Pero no contento con esta pretensión, ya de por sí muy dura, los judíos ni siquiera podían escoger lo que compraban, sino que eran obligados a aceptar lo que les asignara la dirección de la fábrica. De este modo también mis abuelos obtuvieron todo un grupo de monos que después legaron a sus hijos a modo de recuerdo.

Y así fue cómo la fealdad personificada, bajo la forma de veinte monitos, pasó a colarse precisamente en el hogar de uno de los hombres más exquisitos e inteligentes que nos ha dado Europa, el gran filósofo ilustrado Moses Mendelssohn.

Estos monos eran especímenes peculiares de lo que se ha dado en llamar Judenporzellan o “porcelana de los judíos”, una especie de impuesto que en virtud de un decreto de 1El cetro azul, emblema de la KPM769 los hebreos de Berlín tenían que pagar por ley siempre que necesitaban un certificado oficial, ya sea de matrimonio, de defunción o para fundar un negocio. Se trataba de adquirir porcelana por un valor de entre 300 y 500 táleros, lo que por entonces equivalía al salario de varios años de un operario medio. Así llegaron a producirse unas 1400 ventas forzosas por un valor de 280.000 táleros. Con esta singular medida, sin parangón en otros Estados, Federico el Grande pretendía impulsar su juguete particular, la Real Manufactura de Porcelana (KPM) que él había fundado y cuya marca de fábrica era precisamente un cetro real en color “azul de Prusia”. Se trataba de derrotar a su gran competidor, la prestigiosa porcelana sajona de Meissen, cuyo emblema son dos espadas cruzadas.

Sin embargo, la medida adoptada resultó contraproducente a medio y a largo plazo. Como era de esperar, los nuevos propietarios forzosos de esta porcelana que, como en el caso de Mendelssohn, solían quedarse con las piezas de peor calidad, se deshacían de ella revendiéndola con grandes pérdidas en los mercados europeos, lo cual terminó provocando su devaluación y un grave daño a su prestigio. En consecuencia, en 1787 se puso fin a esta medida insensata y discriminadora.

En 1981 se realizó una exposición en Berlín bajo el lema “Prusia: un balance”. El historiador judío Walter Grab pensó que, precisamente para cuadrar ese balance, sería buena idea que entre los artículos exhibidos figurara también el monito de Mendelssohn. En sus memorias cuenta la reacción del comisario de la exposición:

¡Pero mi querido Grab! ¡No puede usted esperar en serio que en nuestra exposición mostremos este espantoso y malogrado producto de desecho de la Manufactura de Porcelana de Berlín! De ninguna manera, no vamos a afear con eso nuestra bonita exposición.

Finalmente se llegó a una especie de acuerdo intermedio. Se exhibió un monito de porcelana del Museo berlinés de los Hohenzollern. Pero irónicamente no procedía de la Manufactura Real prusiana, sino de Meissen. La gran empresa rival había logrado imponerse, después de todo.

6 thoughts on “El monito de Mendelssohn

  1. En cierto sentido, toda una premonición de lo que vendría después…

  2. Rosa, me ha encantado esta historia y, como dice Damián parece una premonición de lo que vendría después. También me recuerda a un delirio parecido al de la cría industrializada de gusanos de seda en la Alemania del III Reich. De ello hablaba Sebald en “Los anillos de Saturno”.

    Gracias por tus posts.

  3. Acabo de descubrir tu blog y me ha encantado. Felicitaciones: es interesantísimo. Te enlazo.

  4. ¡Hola a todos! Gracias por vuestros comentarios. Me alegro de que os haya gustado esta historia. En efecto, tiene algo de premonitorio, y es relevante que tuviera lugar precisamente en la Prusia de Federico el Grande, cuna de la Ilustración alemana (¡Kant!) y célebre por su supuesta tolerancia.
    Elita, leí hace mucho tiempo “Los anillos de Saturno”, pero ya no recuerdo lo de la cría de gusanos de seda. Lo buscaré.
    Gracias por enlazarme, Javier. Acabo de ver tu blog y también me ha gustado mucho, así que ahora aparece en mi lista.
    Un saludo a todos.

  5. Estuve el verano pasado en Praga y en el Museo de Artes Decorativas pude visitar una exposición de las posesiones de los judíos checos que habían acabado allí por el expolio nazi, disfrazado de contribuciones ‘voluntarias’ primero y luego de saqueo directamente. Pero échale un vistazo si quieres a la web exposición y mira qué foto ponen de portada.

  6. elisa vilache

    Muy buena la historia. Menos mal que la comunidad judía de Berlín, quizás en desagravio por quedarse con la porcelana de marras,le exoneró de pagar los impuestos de la comunidad. Y me pregunto:¿ a nadie se le ocurría romper “sin querer”, por un tropiezo, las figuritas?
    Saludos

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