El pan envenenado

En la película sobre la Guerra Civil La hora de los valientes de Antonio Mercero los franquistas lanzan panes desde los aviones sobre la población de Madrid. Naturalmente, no se trataba de un gesto humanitario, sino de una estudiada campaña de propaganda. Los panes llevaban en su interior un papel que decía:

Este es el pan de la España de Franco, el que guardamos en nuestros graneros para compartirlo el día de la liberación con nuestros hermanos cautivos.

En la película aparece la respuesta republicana en forma de transmisión radiofónica:

Atención, madrileños! para acabar con nuestra moral de heroica resistencia, aviones rebeldes han comenzado a arrojar sobre la población panecillos envueltos en insultante propaganda fascista. No comáis ese pan envenenado, el pan que llegue a vuestras manos debéis entregarlo en la comisaría más próxima o en vuestro sindicato, ése pan que nos tira Franco como si fuésemos perros.

Me llamó mucho la atención este grotesco vaivén propagandístico a costa del hambre de la población, y debo admitir que en un principio lo consideré una ingeniosa invención del guionista.

Avión Henschel_Hs_123

Y así fue hasta que recientemente, en un archivo de Berlín, encontré una curiosa carta. Data del 20 de octubre de 1938 y va dirigida al ministro nazi de propaganda, Josef Goebbels. La firma un tal Kröger, hombre de confianza de la embajada alemana que entonces estaba establecida todavía, por razones obvias, en Salamanca. Dice así:

Ref.: Propaganda enemiga

A fin de ganarse a la población hambrienta de los territorios rojos para la Causa Nacional, últimamente los aviadores franquistas han lanzado cientos de miles de panes sobre Madrid, Alicante y Barcelona. Los panes, envueltos individualmente en bolsas de papel, fueron lanzados en sacos atados a paracaídas. Las bolsas están decoradas con los colores de la España nacional y llevan la leyenda:

“No nos interesa lo que pensáis. Nos basta con saber que sois españoles y que sufrís. En la España nacional, una grande y libre, no habrá hogar sin fuego ni familia sin pan.”

Y aunque los gobernantes rojos anunciaron enseguida que estos panes estaban envenenados y no se podían comer, como es natural la población residente en la zona roja se lo ha comido con mucha alegría. Un desertor del frente de Madrid me dijo hace poco que ese anuncio radiofónico se debía únicamente a que los líderes rojos quieren todo ese pan para ellos.

En su momento informaré si este tipo de propaganda tiene continuidad. Con la presente adjunto una de las bolsas.

Desgraciadamente, el documento que consulté en el archivo era una copia de la carta original y no llevaba grapado ningún ejemplar de la bolsa de pan. Me habría gustado tener por un momento en mis manos ese testigo mudo de la Historia: Un testigo de la perversidad propagandística, no importa de qué bando. De la utilización con fines bélicos del hambre. De la arrogancia de un enemigo que alardea ante los hambrientos del pan que supuestamente le sobra. De la desesperación de una población a la que desde el cielo le llueven más bombas que panecillos; y que está tan hambrienta que, cuando caen estos últimos, se los come sin saber a ciencia cierta si está envenenados.

Ideológicamente, al menos, sí que lo estaban.

Ah, y lo más importante de todo: la victoria tampoco trajo el pan que había prometido.

11 thoughts on “El pan envenenado

  1. La propaganda, como su propio nombre indica, intenta inclinar las necesidades, más o menos básicas, de la población hacia la compra de un producto. Que luego ese producto responda a las expectativas creadas… es otra historia. Y la historia se repite una y otra y otra vez.

  2. I quina propaganda no ho està, d’enverinada, oi Rosa! Res és comparable, evidentment, al cas que expliques, on s’està jugant amb gent que està al límit de la supervivència.

    Res: molta misèria física i moral.

    He estat fullejant el teu darrer llibre i acabo de descobrir el teu bloc, i me n’alegro de totes dues coses. Havent fet hispàniques i semítiques, ja et pots imaginar que compartim un espai comú. T’aniré seguint des del meu bloc Bereshit.

    Una abraçada!

  3. Pues sí, Aurora, a los pobres les dieron gato por liebre y los panes prometidos no llegaron nunca… Publicidad engañosa, sin duda.

    Benvolgut al meu blog, Enric, i gràcies per enllaçar-lo al teu. Estaré encantada de compartir amb tu els nostres interessos comuns.

    Un abrazo a los dos y gracias por vuestros comentarios.

  4. Esto de los panes me lo contó mi abuelo que estaba refugiado en la embajada de Perú o Chile (no sé ahora concretarte) en Madrid. Ellos comían las hojas de los árboles del jardín porque los milicianos sólo dejaban pasar estrictamente la comida necesaria para el personal diplomático. Así que los panes le supieron a gloria.

  5. sergus

    busqué un referente de ese pasaje de la historia y así encontré tu block, pero quiero contarte que lo busqué porque soy mexicano, y en mi paìs acaba de ganar el partido que el escritor Mario Vargas Llosa llamó la dictadura perfecta, osea el PRI (partido revolucionario institucional)y lo que me hizo recordar esta triste historia de la guerra civil española es que el pueblo, independientemente de su ideología se vío obligado por el hambre a tomar los panes de quien lo bonbardeaba, bueno pues aqui en México, el PRI gano por que la gente voto por ellos…y porque les dieron una targeta de despensa de una tienda de autoservicio, que tal vez les duró 2 semanas. Y aquí encuentro cierta similitud no crees?

  6. Buenos días:
    Muy buen artículo sobre el tema. ¡Chapeau!
    Más sobre Hitler y el nazismo pueden leerlo en:
    http://www.andreu-rivels.org

  7. Anónimo

    Coñó! Eso si q es publicidad, andreu :O

  8. Juan Antonio Aroza

    Muy estimada Rosa: Mis padres, niños durante la guerra civil en Madrid, fueron testigos del hallazgo de los panecillos, llovidos del cielo, envueltos en papel con los colores de la bandera nacional,
    Según recuerda mi madre los más recalcitrantes gritaban que aquel pan estaba envenenado pero lo recogían del suelo a manos llenas para llevarlo a casa.
    Mi familia consiguió unos pocos y les supieron a gloria en medio de esos tres años de hambre y de terror.
    La prueba de que no estaban envenenados es que mi madre aún vive y mi padre falleció de longeva edad.
    Simplemente se trató de un caso de inocua guerra psicológica, la cual, es más habitual de lo que parece.
    Acabo de adquirir su libro “El misterioso caso alemán”. De momento sólo le puedo decir que no consigo parar de leerlo.
    Muchas gracias y saludos.

    • Rosa Sala Rose

      Estimado Juan Antonio:
      Aunque imperdonablemente tarde, le agradezco muchísimo su comentario con información de primera mano. Me alegro de que esta estratagema de guerra psicológica no envenenara a su familia e incluso sirviera para alimentarla al menos un poco en esa época terrible. Y le agradezco mucho que lea mi “Misterioso caso alemán”. Le tengo un especial cariño a esa obrita. Reciba un afectuoso saludo.

  9. Karen

    Buenas noches, Sra. Rosa.
    Soy hija de una española de 88 años quien pasó toda su niñez en Madrid, durante la guerra civil y ella también me ha contado muchas veces tal hecho. Recuerda las bolsas cayendo del cielo, su papel de envoltorio y su madre (mi abuela), no quiso recogerlos porque tenía la firme convicción de que estaban envenenados. Sin embargo, mi madre y su primo, niños con hambre al fin, recogieron unos panes y se fueron al refugio a esconderse y comérselos. Claro, ella si me comenta que estaban sumamente duros y sabían terrible, pero les mitigó el hambre. Y hoy aún vive. De hecho conseguí este blog, buscando información de tales historias. Hayan o no tenido razón, igual me parece atroz usar el hambre de una población civil para aprovecharse de hacer propaganda. Y posterior a la guerra el hambre siguió, al menos en casa de mi madre.
    Gracias por su publicación.
    Karen Clerc Pérez.

    • Rosa Sala Rose

      Estimada Karen, le agradezco muchísimo la gentileza de compartir aquí su testimonio. Y me alegro muchísimo que, al menos, esta acción de propaganda contribuyera al menos un poco a paliar el hambre de su familia. Gracias por su enriquecedor testimonio.

Deja un comentario