La maldición de Josef Wirtz

Nunca sé qué hacer con esas pequeñas joyas que voy encontrando en los archivos europeos. No son hallazgos dignos de figurar en la Historia, en mayúsculas, porque el espíritu que evocan no es el del historiador, sino el del novelista. Cuando sostengo en las manos esos papeles viejos y veo el trazo de quien los firmó, se le imponen a mi imaginación dramas y comedias todavía por escribir y les atribuyo rostros a los nombres que el tiempo se ha llevado para siempre. ¿Qué me dicen, por ejemplo, de la maleta que unos pescadores encontraron en diciembre de 1940 en el fondo del puerto de Barcelona? Su contenido constituía un verdadero tesoro para aquellos años de miseria:

Contenido de la maleta encontrada en el fondo del mar (diciembre 1940)

Pasé semanas intentando imaginar la historia que habría detrás de aquella maleta. ¿La torpeza de un judío fugitivo tratando de embarcar hacia la libertad? ¿Un intento fallido de robo? ¿Un criminal deshaciéndose de pruebas comprometedoras? ¿Un intento de suicidio? Nunca lo sabremos, pero nada nos impide imaginárnoslo.

Joseph Wirtz

Joseph Wirtz, maldición

Pero hoy no quería hablarles de ninguna maleta extraviada, sino de uno de los documentos más insólitos que he visto jamás en un archivo. Procede de Josef Wirtz, un alemán que en 1928 decidió instalarse en Barcelona (calle Casanova, 210) por motivos que desconozco.

Posiblemente simpatizara con el nazismo, pues al estallar la Guerra Civil el consulado alemán decidió, según reza su salvoconducto, ponerlo oficialmente a cargo “de los asuntos relacionados con el alojamiento de súbditos alemanes que llegan de otras poblaciones a Barcelona y para el embarque de dichos súbditos a bordo de los vapores destinados para el transporte de los mismos”. Es decir que a Wirtz le tocaba organizar, en la medida de lo posible, la desbandada general de sus compatriotas. Muchos de ellos pertenecían a la burguesía o eran filonazis, por lo que tenían motivos para temer las agresiones anarquistas. En una carta a su hermana Helene del 16 de agosto de 1936 Wirtz describe así la situación:

Lo que está pasando últimamente en España y lo que pasa todavía es tan horrible que no se puede describir. Nunca pensé que los españoles podrían mostrarse como lo han hecho. Que en Barcelona no se ha salvado ni una iglesia seguramente ya lo sabrás por los periódicos. No pueden celebrarse servicios religiosos. Donde están los rojos España ya no tiene religión. Lo mismo le pasa a la economía, parada por completo. España necesitará años para recuperarse de esta lucha. La mayoría de los alemanes, como los extranjeros en general, han abandonado España. De tus conocidos sólo se han quedado el señor y la señora Kull, debido a que la señora Kull está a punto de dar a luz. Sus hijos y su hermana se han ido ya. La emigración durará todavía unos meses más, pues sigue llegando gente de la provincia. Casi todas las empresas alemanas, incluso las muy grandes como Siemens, han hecho volver a todos sus empleados. Si los días que han trascurrido hasta ahora ya han sido terribles, los que vendrán serán todavía peor.

Está claro que el señor Wirtz tenía miedo. Tanto que por estas mismas fechas se decidió a improvisar un testamento, compuesto de dos cartas que dejó en manos de su amigo argentino Kristian Westbye: una dirigida a su hermana, en la que le legaba las pocas propiedades de que disponía, y otra a una mujer llamada Helene Nymoen. Esta última carta es el documento al que me refería más arriba. Juzguen ustedes mismos:

A la hembra nacida bajo el nombre de Helene Nymoen, de Lillehammer:
Presagiando que se aproxima la última hora de mi vida terrenal, renuevo con la presente la maldición que ya lancé en su día sobre la infame mujer que, bajo la evocación de las más sagradas leyes de fidelidad, había jurado ser mi esposa y no cumplió su juramento.
Renuevo la maldición para que ésta se active más allá de mi tumba y reclame su castigo. Con la misma sinceridad, efusión y ardor con los que amé en su día a esta mujer, quiero enviarle ahora la maldición que la aniquilará a ella y a todos los culpables.
Maldita sea la mujer infiel que me engañó, maldito sea el vientre que la parió y que la arrebató a mi amor verdadero, maldito sea el hombre que me la quitó reforzando su femenina imperfección, maldita sea su camada para siempre y malditos sean todos los que se mancharon las manos con su infidelidad.
Dejo la maldición aquí en la tierra para que mi espíritu pueda vigilarla desde el más allá hasta que se vea cumplida.
Si alguien llegara a tener esta carta en las manos y no se la transmitiera a la persona a la que está destinada, que también a él le afecte mi maldición.
¡Mi maldición tiene poder y se convertirá en castigo!
Escrito por aquél que en vida llevó por nombre J. G. Wirtz.

Podemos congratularnos de que la señora Nymoen, por infame que fuera su deshonestidad, no llegara nunca a tener esta carta en las manos. Si a mí me temblaron las mías al leerla y tocar la firma del maldiciente, ¿cómo se habría sentido ella?

Joseph Wirtz, maldición (5)

Lo más probable es que el señor Wirtz, simplemente, sobreviviera a la debacle de Barcelona. El hecho de que esta carta preñada de odio se hallara en el archivo así lo sugiere. Dos años después alguien de su mismo nombre sobrevoló la ciudad con la Legión Cóndor. Puede que su resentimiento lo empujara a lanzar bombas como antes lanzara maldiciones.

O puede que el tipo de la Legión Cóndor no fuera él y la historia tuviera otro final muy distinto. Quién sabe. Simplemente, imagínenselo. Sólo la imaginación puede llenar los huecos que deja la Historia. Aunque nos pese.

8 thoughts on “La maldición de Josef Wirtz

  1. Intrahistòria? Infrahistòria? Rosa, certament posa els pèls de punta la maledicció de Wirtz, potser no tant pel que té de violent sinó per la manera cop, de cop i volta, queden exposades les entranyes de l’individu i de la història d’aquest individu. Però, de fet, t’hi deus haver trobat un munt de vegades amb altre tipus de documentació personal no tan descarnada: tenir a les mans els sentiments d’algú quan no ens tocava o no esperàvem tenir-los produeix un calfred.

    Tinc guardades les cartes que el meu avi havia escrit a la meva àvia quan no estaven casats; cartes d’abans de la Guerra Civil un explica una turbulenta història que els va tocar viure per culpa d’un alemany que va aparèixer a les seves vides; algú que s’encarrega d’afers com els que descrius i possiblement un d’aquells espies que estaven en contacte amb el Reich des d’emissores instal·lades a la costa barcelonina i del maresme.

    Les tinc guardades perquè encara no he estat capaç d’entrar-hi a fons, precisament per l’efecte que produeix tornar a donar vida a aquelles paraules.

    Però algun dia ho hauré de fer. No només pel que té de personal, sinó perquè hi ha una part de la Història que, sobretot després de la Segona Guerra Mundial, ha quedat superada pel volum cada cop més gran d’incidència de les històries personals en aquesta Història amb majúscules.

    L’historiador haurà de continuar fent la seva feina, però hi ha una intrahistòria sense la que ja no podem viure. T’imagines que no disposéssim, per exemple, de la literatura concentracionària?

    Gràcies per compartir les teves troballes, Rosa.

    Una abraçada.

  2. Benvolgut Enric,

    moltes gràcies pel teu comentari. Tens raó, les troballes “intrahistòriques” als arxius sòn infinites i ompliríen molts blogs com aquest. Aniré posant els m´ñes interessants a mesura que tingui temps.
    Trobo que faràs molt bé en endinsar-te a les cartes dels teus avis. Si puc ajudar-te en alguna cosa, no dubtis en demanar-m’ho. Potser pugui trobar alguna dada a la meva documentació sobre l’alemany del que parles. Sort!
    Una salutació cordial,
    Rosa Sala Rose

  3. Anonymous

    Al leer la carta de Wirtz, que hierve de un odio que quiere saltar del papel, me ha venido a la cabeza esas otras maldiciones que hemos visto en algunas películas sobre el Egipto antiguo, guardadas al lado de momias celosas de su eternidad. Y hablando de eternidad, ese odio de Wirtz parece que tiene esa ambición, reinar incluso después de muerto él. Terrible.
    Un saludo.

  4. Impresionante entrada, como siempre. ¿Ha comprobado si Wirtz aparece en los documentos hallados y publicados en Barcelona por el Gruppe DAS / Grupo DAS?

  5. Buena apreciación, Bremaneur: Efectivamente, Joseph Wirtz aparece mencionado en “El nazismo al desnudo” publicado por el DAS (los anarco-sindicalistas alemanes) durante la guerra civil para denunciar las intrigas nazis. Sin embargo, en este panfleto no aparecen las cartas que aquí publico. Si a alguien le interesa ver este interesantísimo documento histórico, puede descargárselo aquí: http://archivkarlroche.files.wordpress.com/2010/07/el-nazismo-al-desnudo.pdf
    ¡Un cordial saludo y gracias por seguirme!

  6. ¡Vaya genio que se gastaba el menda!

  7. “Maldito sea el manjar que comieredes, la bebida que vivieredes (sic) y el ayre que respiraredes, maldita sea la tierra que pisaredes y la cama en que dormirades, no llueba el cielo sobre cosa vuestra sino fuego y piedras, no gozeis fruto de vuestros trabajos ni alleis quien os socorra en vuestras necesidades, siempre que fueredeis a juicio salgais condenados la maldicion os alcance y los santos angeles os desanparen y la tierra os trague vivos para que en cuerpo y en alma descendais a los infiernos y no quede entre los hombres memoria vuestra” Fórmula de maldición registrada en la documentación donostiarra del XVII para excomulgar, o amenazar de excomunión a quien rompiera un juramento. Consta que también la promulgaban “en lengua bascuenze”, pero no no se ha registrado. ¿Tal vez nuestro irascible alemán adecuó a sus circunstancias algún tipo de fórmula similar? Porque hasta para ser rencoroso es rebuscado, y hasta resulta naïf en la retórica de su maldad, de tan anticuada que suena. ¿Era de religión, o al menos de cultura católica, o luterana? Porque esa obsesión de trascender a la muerte solo para maldecir…
    Muchas gracias por estas joyas; echo de menos nuevas entradas en el blog.

    • Rosa Sala Rose

      Hola, Xabier, ¿cómo estás? Gracias por pasarte por aquí y por esa interesante maldición que aportas. Ojalá algún día la encuentres también en su versión euskera. En cuanto a tus preguntas, me temo que tengo que dejarlas sin contestar: de Josef Wirtz no he conseguido averiguar nada más que lo que se indica en esta entrada, por lo que todo lo que pueda responder sería especulativo. Aunque puestos a especular, me lo imagino más de tradición católica que protestante. En la Alemania católica de Westfalia, sobre todo en el ámbito rural, las maldiciones de ese tipo no eran infrecuentes: por las mismas fechas que Josef Wirts a mi abuela alemana una rival amorosa la maldijo deseándole tres generaciones de ciegos en la familia. Quiso la casualidad que tres miembros de la familia perdieran después la vista por motivos dispares, cosa que mi abuela, según me han contado, siempre achacó a aquella maldición.
      Gracias por echar de menos mi actividad en el blog. Ojalá pronto pueda volver a alimentarlo. El proyecto seebook.eu en el que ahora ando metida me quita tiempo para todo. Aunque procuro mostrarme activa, al menos, en mi página de Facebook. ¡Un cordial saludo!

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