Marketing en el crematorio

He estado tres veces en el memorial del campo de concentración de Buchenwald, pero siempre ha sido a mi pesar. No me gusta acudir a estos lugares. Pienso que estas visitas no permiten figurarse ni por asomo lo que significó ser un prisionero, por mucho que se nos deje poner el pie en los barracones. Tampoco estoy segura de su función pedagógica. Siempre he pensado que una visita a los restos físicos del lugar nunca será equiparable a la lectura de los testimonios de quienes aquí sufrieron.

Así que cuando regresé a Buchenwald por tercera vez, moralmente obligada por la compañía de unos historiadores alemanes, no esperaba que nada llamara mi atención. Transité por los lugares del horror, leí aplicadamente los carteles y deseé que la visita transcurriera lo antes posible.

Era primavera y lucía un sol precioso, lo cual resultaba casi obsceno en un lugar semejante. A mi alrededor un grupo de turistas americanos se exclamaba a cada nueva monstruosa cifra que les indicaba el guía. Una clase de escolares, saludablemente ajenos a la solemnidad del entorno, perseguía una mariposa. Nada acentúa más el absurdo que ver mariposas en Buchenwald, en un lugar en que hasta los pájaros habían dejado de cantar ahuyentados por el humo de los cadáveres. Así lo recordaba siempre Jorge Semprún en La escritura o la vida.

Pensando en estas y otras cosas entré distraídamente en la sala de los crematorios.

hornos Buchenwald

Y entonces reparé en ello. En las visitas anteriores se me había pasado por alto, inexplicablemente. Era algo que no mencionaban los supervivientes en sus testimonios. Algo que me hizo pensar que la visita, después de todo, había servido para algo. Se trataba de esto:

Puerta crematorio Topf

La función de esta puertecilla de alimentación es lo de menos. Lo que importa es el logo:

El hallazgo me dejó perpleja: La empresa familiar que había creado los crematorios, Topf und Söhne (Topf e Hijos), había puesto su logo en un lugar destacado de su instalación, tal como recomendaría cualquier agencia de marketing. Branding, creo que lo llaman. Topf und Söhne estaba orgullosa de su nombre y de sus productos y así se lo comunicaba al mundo.

La empresa sabía perfectamente para qué se iban a emplear sus crematorios. Era un encargo atípico. Un campo de concentración no es –en teoría– un cementerio. Los ingenieros tuvieron que diseñarlos expresamente para que cumplieran su función y adoptaron medidas especiales para incrementar su capacidad. Incluso prepararon una solicitud de patente. Los operarios hicieron cientos de visitas al campo para tomar medidas, llevar las piezas y  montar las instalaciones. Ahí tuvieron que ver inevitablemente a los demacrados prisioneros para los que su trabajo estaba destinado.

Las autoridades de las SS quedaron tan contentas con la impecable eficacia de Topf und Söhne que les encargaron los crematorios de Auschwitz e incluso parte de las cámaras de gas. También ahí luciría el logo de la empresa.

Lo increíble es que mientras los SS trataron de acallar las atrocidades que sucedían en los campos y al final de la guerra procuraron eliminar cualquier documentación relativa a sus actos, Topf und Söhne firmaron su propio crimen para la posteridad, en hierro forjado. Como si en vez de un crematorio masivo hubieran construido un ascensor o unas escaleras mecánicas. Aplicaron el orgullo de quien hace bien su trabajo.

¿No se plantearon nada más? ¿O acaso estaban convencidos de obrar para el bien común?

Difícilmente puede haber algo que simbolice mejor la eficacia industrial del Holocausto que esa puertecita de fundición con el logo de Topf.

Ha pasado mucho tiempo desde mi encontronazo primaveral con el insólito hallazgo. Por entonces la empresa era prácticamente desconocida, pero entretanto incluso existe un centro de exposiciones que documenta detalladamente la actividad de Topf und Söhne durante la guerra.

Patente de crematorio, 1942Plano crematorio Cracovia 1943

Albarán de envío para piezas de crematorio, 1942Curiosamente, el primero en interesarse por la cuestión, durante los años ochenta, fue un farmacéutico francés revisionista, Jean-Claude Pressac. Su objetivo era reunir material para demostrarle al mundo que el Holocausto resultaba técnicamente imposible.

Después de ver la abundante documentación que había legado la empresa Topf un Söhne, ya no le cupo ninguna duda de que sí lo era.

Supongo que no hay mal que por bien no venga.

26 thoughts on “Marketing en el crematorio

  1. Marcos

    La primera vez que vi Shoah de Lanzmann una de las escenas que más me impresionó fue la del camión.

    ¿Recuerdan? Una voz en off lee las características técnicas de los camiones usados como cámaras de gas móviles mientras la imagen, contemporánea, muestra un camión circulando por las carreteras de la cuenca del Rühr.

    Al final la voz calla y la cámara se acerca al logo del vehículo: mismo fabricante.

    De la maquinaria agrícola Mengele (que sigue existiendo) mejor ni hablamos.

  2. Gracias por tu interesante comentario, Marcos, un estupendo complemento a esta entrada.

  3. La vanitat acostuma a delatar-nos.

    Sobre els lager com a lloc de visita, jo tinc sentiments oposats. Entenc la teva postura, però si els mantenim dempeus han de tenir alguna “utilitat”. És cert que sovint el morbus acompanya el turista curiós, i les visites indiscriminades banalizen la història, però com ho solucionem?

  4. Estimado Enric:

    Te escribo en castellano para que puedan seguirnos mis lectores latinoamericanos.
    Lo cierto es que también yo tengo sentimientos encontrados y no tengo respuesta al dilema del mantenimiento de los campos. Algunos supervivientes del Holocausto, como Ruth Klüger, son poco partidarios de que se conserven. Si no recuerdo mal, Klüger venía a decir que es un lugar cuyo propósito es convocar fantasmas –metafóricamente, se entiende– a fin de domesticarlos y que no nos den la lata merodeando por nuestra conciencia.
    Por otro lado, recuerdo haber visto hace años un excelente documental sobre el memorial de Auschwitz. ¿Recuerdas la montaña de maletas de cartón y la de cabellos humanos que constituían uno de los testimonios más estremecedores de la realidad histórica del Holocausto? Pues bien, en ese documental se decía que por efecto de la fatiga de los materiales y de factores climatológicos no influenciables, el volumen de las maletas y de las cabelleras va descendiendo poco a poco. Como si con eso también descendiera el número de víctimas. De ese modo, el valor probatorio del memorial, que es una de sus funciones principales, va mermando a cada año que pasa. Lo mismo sucede con la alambrada de Asuchwitz que conocemos de las fotografías más estremecedoras: Está oxidándose y desapareciendo. El autor del documental se preguntaba: ¿Y qué hacemos ahora? ¿Encargamos 50 km de alambrada nueva para renovar Auschwitz? ¿No hay cierta perversidad intrínseca en eso? Por no hablar del pábulo que se daría a los revisionistas si se supiera que la alambrada ya no es la original.
    Por otro lado, estamos metidos en una trampa ideológica. Tampoco podemos abandonar Auschwitz a su suerte y dejar que se vaya convirtiendo en ruina, y mucho menos derribarlo.
    En el fondo no tenemos experiencia con esta clase de “memoriales del horror”, inexistentes antes de los espantos del siglo XX. Antes de la Segunda Guerra Mundial únicamente se monumentalizaba aquello que se quería recordar por causas positivas y ejemplarizantes, aunque éstas fueran cambiando en función de la escala de valores imperante: monumentos a próceres, a héroes, a santos, a mártires, a los caídos en combate… Lo de monumentalizar el horror con fines memorialísticos es una novedad histórica. Y uno de los grandes problemas que provoca, auqnue está lejos de ser el único, es la restauración. La restauración del horror.
    En fin, como digo, no tengo respuesta. Personalmente pienso que el monumento más estremecedor y más efectivo del Holocausto son el relato de las víctimas, y no los lugares.

  5. Estimada señora Sala Rose:

    Soy un lector de su blog, que me parece extraordinario, y espero pronto leer sus libros.

    Al final de la lectura de este interesante artículo, me encuentro con un anuncio de hornos de convección. ¿No hay forma de poner uno de otro tipo?

    Saludos.

  6. Estimado Señor Domínguez Parra:

    Muchísimas gracias por seguirme y ojalá que mis libros le parezcan tan interesantes como mi blog.

    Tiene usted toda la razón respecto al anuncio, que sin duda es de un involuntario mal gusto. Lo que sucede es que Google-Ads, con quien tengo contratado este servicio, decide de manera automática los anuncios que pone en la página en función de las palabras clave que detecta en el texto. Esta vez está claro que el sistema de rastreo ha metido la pata, pero mucho me temo que no puedo hacer nada para evitar eso. Es probable que si vuelve a entrar en mi blog dentro de un rato se encuentre con un anuncio distinto, pues creo que van alternándose automáticamente.

    De todos modos, muchas gracias por llamarme la atención sobre el particular.
    Reciba un cordial saludo.

  7. Estimada señora Sala Rose:

    Lo pensé después de escribir el primer comentario, que era algo automático.

    Ahora hay uno de jabones, con el terrible recuerdo que despierta ese producto con respecto a los campos de exterminio.

    Esto me hizo recordar el poema “El olor del jabón”, de Heiner Müller, al que acabo de ver de nuevo recitándolo, en youtube. Es impresionante.

    Muchas gracias por su blog, sus entradas son imprescindibles.

    Acabo de leer la entrada “Un perrito llamado Franco”. No sé si se ha sabido algo más de la familia Levi.

    Saludos cordiales.

  8. Estimado señor Domínguez Parra:

    Lo de los jabones, desde luego, es aún menos acertado. Y esta vez imagino que se trata de una casualidad, a no ser que el sistema de rastreo de Google sea lo bastante perverso para asociar la palabra “jabón” con “Buchenwald”…

    Teniendo en cuenta los ínfimos ingresos que obtengo a través de esta publicidad (¡un total de 63,- euros en cuatro años!), quizá me plantee eliminarla por completo. Nunca pensé que pudiera generar esta clase de ambigüedades.

    ¿Creerá usted que no conocía el poema de Heienr Müller? Acabo de encontrar el vídeo en Youtube y es verdaderamente impresionante. Con su permiso, se lo daré a conocer a mis seguidores a través de mi página Facebook. ¡Muchas gracias por el dato!

    He visto que, entre otras cosas, es usted traductor de griego moderno. Una lengua hermosísima y difícil. Tendré en cuenta su labor en mi próxima visita a una librería.

    En cuanto a los Levi… Nada he podido averiguar. Es un nombre demasiado común para encontrar hilos de los que tirar. ¡Hay tantas historias que se deshacen en el vacío…!

    Un afectuoso saludo.

  9. Estimada señora Sala Rose:

    Es impresionante el vídeo de Heiner Müller. Además, creo que es muy importante que se difunda: ese vídeo de apenas dos minutos contribuye de manera definitiva a que nunca se olvide el Holocausto. Con la palabra, con la imagen del cementerio: como el imprescindible documental de Lanzmann que citaba otro comentarista en esta entrada: el poder del testimonio de los supervivientes que supera cualquier imagen, en mi opinión. Además, es un poema de uno de los grandes escritores en lengua alemana de la segunda mitad del siglo XX.

    Fíjese ahora lo que ocurre en Grecia con ese partido neonazi y las barbaridades que promulgan en el parlamento griego. Cada tres o cuatro días, leo noticias en un periódico griego con nuevas “propuestas” en el parlamento griego que ponen los pelos de punta. Y mientras tanto, el primer ministro Samarás dice que no ocurrirá en Grecia lo que ocurrió en la república de Weimar. Da mucho miedo lo que ocurre en Grecia.

    Si le interesa, le puedo enviar vínculos a traducciones mías del griego moderno que se han publicado en revistas en la red. Son sobre todo traducciones de poesía.

    Saludos,
    Mario

  10. Estimado Sr. Domínguez Parra:

    Lo que está sucediendo en Grecia es muy preocupante, en efecto. Genera la inquietante sensación de que la historia se repite. Tampoco en Hungría el panorama parece mucho mejor. Le envidio su posibilidad de leer directamente la prensa griega. Imagino que la visión que nos ofrecen los demás medios europeos captan sólo una parte de la realidad de este país tan perjudicado por la crisis.

    Naturalmente que me interesan los links a sus traducciones del griego. Puede enviármelos a través de Facebook o a rosa.sala.rose@gmail.com.

    Un afectuoso saludo,
    Rosa

  11. Rosa, echale un vistazo al último apunte de mi bloc. ¿Conocías estas fotografías?

  12. Esta es la dirección, por si no lo tienes agregado: Un Nadal a l’infern.

  13. No, no las conocía, Enric. ¡Son realmente insólitas! La historia del fotógrafo también es increíble. Muy inquietante toda esa santa Navidad ante el trasfondo del exterminio. Y lo de la jarra de cerveza en lugar de la copa de cava resulta tan tópico que en una película histórica nadie se habría atrevido a ponerlo por miedo a exagerar. Esta tarde, si te parece bien, difundiré tu post en mi página de Facebook. ¡Muchas gracias por compartirlo!
    Por cierto, me da la impresión de que tu enlace no funciona, así que lo repito aquí en otro formato: http://url9.de/uQb

  14. Gràcies per aquest bloc tan concienciat. Jo vaig visitar Dachau i encara estic impressionada. No sóc partidària d’esborrar una història tan recent que encara té supervivents, que encara pot recordar els milions de morts. Àustria, Alemanya, Polònia, Chèquia fan mal però és necessari com ho és La Risiera a Trieste. Estic lluny del sofriment passat pels presoners però sento quàntes llàgrimes els hi dec.
    No es preocupi peer respondre’m en castellà.
    Salutacionsockabou 2000s!

  15. Estimada Glòria:

    Muchas gracias por su comentario y por haber visitado mi blog. Desde luego, la historia no hay que borrarla nunca, y aún menos la del Holocausto, que histórica y éticamente es un punto de inflexión fundamental. El sufrimiento de queines pasaron por él es, sencillamente, inconcebible.

    Un cordial saludo.

  16. Gracias por aportar tan interesante y revelador testimonio, Tuve ocasión de visitar Auschwitz y es cierto que esos detalles se te pasan por alto, revisaré la fotografías que tomé por si me ha sucedido los mismo.

  17. Respetada Dra.Sala Rose,
    Siempre es un placer leer cualquier cosa que V. escribe. Coincido con V. en lo poco que me gustan las visitas a los campos, a pesar de mi profundo interés en la Segunda Guerra Mundial; visitar Normandía y los sitios de los desembarcos, los museos británicos de la guerra y de la RAF… es algo que me apetece siempre. Visitar cualquier campo, hasta ese relativamente pequeño lager que hay junto a Berlín, nunca.
    Hoy, además de lo interesante de la entrada, leo el interesante intercambio sobre la decadencia de lo conservado. Es un debate sugestivo, con mala solución. No concibo aberración mayor que comprar nuevo alambre de espino o que rehidratar químicamente o como sea los cabellos, maletas o enseres preservados. Hay algo morboso en ello. Morboso y por ello malo. Reflexionando sobre ello creo que el monumento al Holocausto de Berlín -por ejemplo- es un homenaje respetuoso y tremendamente impactante a la memoria de los asesinados…y más atinado.

  18. Estimado Hans,
    Muchas gracias por su comentario y sus amables palabras. Entiendo su postura: se producen sentimientos muy extraños al visitar los campos y no todos ellos responden a lo que se supone que se debería sentir allí. Me generan una profunda incomodidad y un distanciamiento que no experimento en absoluto cuando leo los testimonios de las víctimas. La palabra que usted emplea, “morboso”, me parece muy adecuada para describir esa desazón.
    Y a pesar de mis reticencias iniciales, tras haberlo visto estoy totalmente de acuerdo con usted en que el monumento al Holocausto de Berlín es mucho más atinado. Pero el problema es muy complejo. No se puede preservar indefinidamente Auschwitz (o el campo que sea) por los motivos que usted ya indica, pero tampoco sería posible destruir lo que queda de Auschwitz. Es un dilema sin una solución éticamente satisfactoria. Y quizá precisamente por eso, un tema de lo más interesante.

  19. Carmela

    Gracias Rosa, una vez más por tus interesantes entradas. En esta ocasión, gracias también a los que han aportado tan interesantes documentos a través de los comentarios.
    En relación a la visita a los campos mi opinión, sin embargo, difiere de la vuestra. Creo que son visitas necesarias. Deben hacerse, por supuesto, con una preparación previa, pero intensifican tan profundamente el conocimiento de esa realidad, realidad que debemos recordar y difundir, que devienen casi en ineludibles. Claro que existe el riesgo de mercantilización de los espacios pero creo que ese riesgo debe ser afrontado. Forma parte del deber de memoria conocer lo más extensamente posible el horror, también sus espacios o lo que queda de ellos. Por supuesto que no podemos pensar que visitar un campo es sentir lo que sintieron sus prisioneros. Tampoco un testimonio lo dice todo. Pero ambos son fuentes de conocimiento que se complementan y de las que, en mi opinión, no podemos prescindir.

  20. Erick

    reciba un saludo de mi parte
    La verdad no me convence la historia sobre el holocausto de la version de los vencedores osea la “oficial” ya que no se a probado cientificamente la existencia del holocausto y los 6 millones muertos en las camaras de gas o de exterminio o como quieran llamarle, me han recomendado infinidad de libros defensores del holocausto y jamas me han convencido las pruebas que aportan ya que son muy incoherentes y no tienen sentido, en cambio la version de los vencidos tiene mas sentido y mas aun por que son científicas y exactas, y llgue a la conclucion que el holocausto es solo un dogma y una mentira se dijo mas de mil veces y que se hizo verdad, como se podra dar cuenta e leido bastante libros revisionistas del holocausto y claro tambien defensores y la verdad que que paliza le dan los revisionistas dudosos del holocausto a los derensores del holocausto.
    En fin espero y me pueda responder mi comentario y estoy abierto a recibir propuestas de libros y trabajos convincentes para creer en el holocausto o minimo que me aporten algo que me haga dudar de que en verdad existio, aun que la verdad no lo creo, pero igual antes creia en el holocausto hasta que empece a dudar de la historial “oficial”…………… aaaaaaaa y antes de terminar no me estoy burlando de ningun judio ni quiero ofender a nadie creo que tengo derecho a la libre expresion y no tiene por que ofenderse nadie, si el holocausto es un hecho historico entonces esta sujeto a estudio.
    saludos escritora.

    • Rosa Sala Rose

      Erick:
      El holocausto existió. He estado en archivos. He hablado con supervivientes. He visto listas de millones de personas con nombres y apellidos, con partidas de nacimiento y fotografías, que desaparecieron sin dejar rastro tras ser deportadas. Yo misma he rastreado la vida de algunas de estas personas hasta el agujero negro de su deportación. ¿Dónde están? ¿Cree que millones de personas se escondieron voluntariamente en un agujero? ¿O cree que los Aliados otorgaron papeles falsos con una nueva identidad a millones de deportados para construir una gigantesca mentira? ¿Por qué hay miles de tumbas en el extenso cementerio judío de Berlín, cuyas fechas de defunción marcan, a lo sumo, el 1941? ¿Dónde están los que murieron en 1942, en 1943 o en 1944? ¿Por qué las tumbas de ese cementerio están cubiertas de hiedra porque nadie viene a cuidarlas? Sencillamente, porque no hay supervivientes que puedan hacerlo. Murieron. Todos. Fueron asesinados masivamente. Ésta es la verdad.

      • JMTR

        Rosa: ¡Qué desencanto!

    • Pepe

      Amigo, no hace falta que te leas tantos libros.
      Date una vuelta por algun campo de concentracion, por ejemplo Buchenwald, del que estamos hablando.
      Mira las fotos antiguas con los montones de cuerpos, y el bosque plagado de fosas comunes, y despues vuelve a preguntarte si es verdad o es mentira.
      A lo mejor los de las fotos se estaban haciendo los muertos.
      La cantidad de tonterias que hay que leer.

  21. Nelson Davies

    Mantener los campos de concentración con todo el horror de su interior es conservar el dolor y el sufrimiento de los que murieron ahí.
    Debían de transformarse en parques llenos de árboles y vegetación y no para fines turísticos y morbosos de quienes los visitan. Quienes nunca, pero nunca podrán imaginarse la miseria y el horror vivido en su interior.
    Todo esto se mantendrá vivo mientras no desaparezca.

  22. Pedro

    Hola Rosa: habia leido tu artículo y me quedé impresionado con el detalle de los fabricantes de poner en la puerta del horno crematorio su logotipo. Esa sensación de normalidad, de vivir en una situación de impunidad es más repugnante que realizar los actos con intención de vulnerar cualquier código moral o legal a sabiendas. Pero este verano volví a acordarme cuando visité el campo de exterminio de Majdanek en Polonia oriental y al entrar en el crematorio quise ver si había el logo de algun fabricante. Allí me encontré con un detalle que me estremeció todavía más. Los hornos crematorios no eran hornos normales, tenian un diseño prefijado con forma de camillas como las que utlizan los sanitarios para colocar los cuerpos. Estaban diseñadas para su horrendo fin. Me estremeci de la cabeza a los pies. Todo estaba estudiado y planificado.

    Te felicito Rosa por tu obra. He aprendido mucho y leo y releo tu Diccionario critico…

    Atentamente.

    Pedro Garcia Segura

    • Rosa Sala Rose

      Muchísimas gracias, Pedro, por tu amable y revelador comentario. No hay mes en que no se descubran nuevos detalles que nos hacen todavía más incomprensible lo que sucedió. Como bien dices, esa normalidad del mal es repugnante, pero, además, profundamente incomprensible para nuestra sensibilidad actual. No conozco los detalles dle horno crematorio de Majdanek, pero en el de Buchenwald se hizo una adaptación de los hornos crematorios que ya existían desde hacía tiempo en los cementerios para las incineraciones de muertos por causas naturales. Eso podría explicar el cajón en forma de camilla que viste y que seguramente se empleaba también para las incineraciones. Eso sí, la “adaptación” que se hizo en Buchenwald, y probablemente también en Majdanek, consistió en incrementar exponencialmente la capacidad de cremación de los hornos. Era evidente, por tanto, que su uso en un campo de concentracion no podía obedecer a nada natural, sino a una intención de exterminio.

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