La casa de Thomas Mann y su singular destino

Es el 10 de mayo de 1945. Hace dos días que la guerra ha terminado. Klaus Mann, el gran hijo del extraordinario Thomas Mann, está al servicio del ejército americano. Dados su conocimiento del alemán y su labor como escritor en la vida civil –y acaso también su poca idoneidad como soldado—la U.S. Army lo envía a Alemania como corresponsal del diario militar The Star and Stripes. El joven escritor entra en su ciudad natal, Munich, en un jeep militar conducido por su amigo el fotógrafo John Tweksbury. Su destino: la casa de la familia Mann en la Poschingerstrasse.

La casa de los Mann, a la que los miembros de la familia llamaban cariñosamente “Poschi”, era toda una institución de las letras alemanas. Aparece como escenario en algunos relatos de Thomas Mann, como en el delicioso Desorden y dolor precoz. Entre sus paredes no sólo crecieron sus seis hijos, entre ellos los literatos Erika y Golo, sino que también se gestaron algunas de las obras cumbre de la literatura alemana. Fue también aquí donde Thomas Mann durmió aquella siesta de la que su mujer no se atrevió a despertarlo para no molestarlo con el anuncio de que le habían concedido el Premio Nobel. (Los descansos de Thomas Mann eran sagrados). En fin, si ha habido una vivienda en Munich que mereciera convertirse en “casa-museo”, sin duda era ésta.

(www.tmfm.de/thomasmannhaus.php)

Pero tanto los Aliados como los nazis habían previsto un destino muy distinto para la vieja Poschi.

¿Qué debió de sentir Klaus Mann aquel día, frente a su casa natal, doce años después de haberla abandonado camino del exilio y vistiendo el uniforme del enemigo? En su artículo para Stars and Stripes, dijo haberse sentido ante “una perversa caricatura de su propio pasado”. La fachada de la casa permanecía más o menos intacta, pero detrás de ella se veía el abismo ennegrecido de paredes y cristales rotos que habían dejado las bombas. Ésta había sido la contribución de los Aliados a su destino.

Klaus Mann ante la fachada casi intacta de la "Poschi"

Klaus Mann ante la fachada casi intacta de la “Poschi”

Pero en la parte de la casa que todavía quedaba en pie, se apreciaba también la contribución de los nazis. Klaus Mann se fue abriendo camino entre la ceniza y los escombros:

Había paredes y puertas que no había visto nunca antes. Todas las habitaciones se habían vuelto más pequeñas, como si el asco y la aversión las hubiera inducido a encogerse. El despacho de mi padre, antaño espacioso y respetable, parecía ahora extrañamente reducido.

La policía política de Baviera, que ya había confiscado en 1934 la casa del célebre exiliado, la declaró oficialmente propiedad del Reich alemán en 1937. A partir de esa fecha empezaron a levantarse tabiques para dotarla de más habitaciones y las espaciosas estancias de la Poschi fueron divididas en celdas. Klaus Mann no tardaría en averiguar el motivo.Sólo por la deliciosa descripción que hace de esta escena, que aquí no puedo sino resumir, vale la pena leer su extraordinaria autobiografía Cambio de rumbo:

Entonces descubrí a la muchacha desconocida. Estaba en el balcón que había delante de mi habitación, sin moverse, un poco agachada tras la balaustrada. Seguramente había permanecido todo el tiempo allí y había estado observando mi paseo. La saludé con la mano, pero no reaccionó, sino que se quedó petrificada, como si creyera no haber sido descubierta. ¿Me tenía miedo? Sin duda, yo vestía el uniforme del enemigo.

A las preguntas tranquilizadoras de Klaus Mann, la muchacha le explicó que vivía en el balcón, sobre el que había extendido unas sábanas confiando en que no lloviera. Era alpinista, por lo que había improvisado una más que precaria escalera en la fachada posterior de la casa para acceder a su pequeño refugio. Guiado por ella, no sin casi partirse la crisma, Klaus Mann logró subir a lo que había sido su habitación.

La muchacha “apenas tendría más de veinticinco o veintiséis años, pero ya estaba ajada, la piel mortecina e impura y un ceño mohíno y terco bajo el riguroso flequillo”. Poco a poco Klaus se fue ganando su confianza, aunque sin revelarle a la intrusa que aquella morada había sido suya. La joven le contó con toda naturalidad que la casa había pertenecido a un escritor. “Seguramente un no-ario”, supuso, encogiéndose de hombros. “O quizá incluso un judío total. En cualquier caso, no se había entendido bien con su gobierno”. Acto seguido le contó con pasmosa naturalidad al asombrado Klaus que Himmler había escogido precisamente la vieja Poschi como sede de uno de sus escabrosas “fuentes de vida”, los llamados Lebensborn:

Pero ¿de veras no sabe usted lo que eso significa? –le preguntó—Robustos muchachos de las SS estuvieron acuartelados aquí. Gente muy fina, se lo aseguro: auténticos sementales. Y precisamente para eso los empleaban, como sementales, por lo de la raza, ¿entiende? Estos Lebensborn –teníamos muchos, por todo el país—existían para atender a las necesidades raciales, para la cría de sangre nórdica, para aumentar la descendencia alemana. Naturalmente,  las chicas también tenían que ser racialmente impecables; el cráneo, las caderas… ¡Todo se les medía!

En ese momento el fotógrafo instó a Klaus Mann a que bajara, así que el escritor se despidió sin aclarar cuál había sido exactamente la relación de la muchacha con aquella peculiar institución de Himmler.

Y así es cómo la casa del espíritu alemán por excelencia  –Thomas Mann llegó a decir que donde estaba él, estaba Alemania—  llegó a ser también, durante ocho años, la casa del cuerpo ario. 

Si eso no es una siniestra ironía de la historia…

18 thoughts on “La casa de Thomas Mann y su singular destino

  1. kamo

    como el Hotel Tichota que describe Hrabal en Yo que he servido al rey de Inglaterra!

  2. Una entrada interesantísima, querida Rosa. Trágica y estremecedora, pero también reveladora del poder de la literatura como redención y liberación. Un beso desde Gran Canaria.

  3. Hola, Kamo: Pues no tenía ni idea, ¡gracias por la aportación! Hace tiempo que me he propuesto leer a Hrabal. A ver si ahora me animo.
    Y gracias, Carlos, por tu comentario. En el caso de la residencia de los Mann, lo verdaderamente trágico es que ya no esté en pie. Lo del Lebensborn es más bien grotesco, y una nueva confirmación del poder de la realidad para superar a la ficción.

  4. Al leer el primer párrafo del post, he visto la primera escena de la magistral serie “Retorno a Brideshead”. Luego, todo es diferente.No es que la realidad supere a la ficción: ambas son igualmente increibles.

  5. Paradojas de la historia: la casa del silencioso admirador de mancebos convertida en alojamiento de jóvenes sementales arios…

  6. No se me había caído en la comparación con “Retorno a Brideshead”, pero ahora que lo dice, August, está muy bien vista…

    No he logrado averiguar qué pensó Thomas Mann cuando supo por su hijo del extraño destino de la “Poschi”. Seguramente quedaría horrorizado. Como bien dice, Tulio, a Thomas Mann le iba más lo de mirar en silencio.

    Gracias a los dos por los comentarios.

  7. Hola, Rosa, quizá te interese leer es – nuestra lucha para salvar la casa de la madre de Thomas Mann, acá en Brasil:

    http://advivo.com.br/comentario/campanha-para-salvar-casa-de-julia-mann-mae-de-thomas-mann-em-paraty

  8. Hola, Rosa, quizá a ti y a tus lectores les interese saber de nuestra lucha para salvar la casa de la MADRE, Julia, de Thomas Mann, acá en Brasilo:

    http://advivo.com.br/comentario/campanha-para-salvar-casa-de-julia-mann-mae-de-thomas-mann-em-paraty

  9. ¡Interesantísima y oportuna aportación, Federico! La replicaré estos días en mi página de Facebook. ¡Gracias!

  10. Maria Félix Romaní Fariña

    Estoy leyendo en este momento “Cambio de Rumbo ” de Klaus Mann,que me está encantando. En diciembre voy a viajar a Munich,¿Sabes si la casa sigue existiendo ? ¿Será un Museo ? Un saludo.

    • Rosa Sala Rose

      ¡Hola! Celebro que le esté gustando Cambio de rumbo. Es un libro realmente estupendo. La casa de Thomas Mann, de la que prácticamente sólo quedaba la fachada, fue derruida en 1952. En su lugar se construyó un chalet. Entretanto hay un edificio cuya fachada se inspira en la casa original de los Mann y que ahora luce una placa conmemorativa. En el número 10 de la Thomas-Mann-Allee encontrará la localización precisa de la antigua casa. ¡Le deseo buen viaje y una feliz estancia en Múnich!

  11. Claudia Roemer

    Esa casa es la casa de la familia Pringsheim, suegros de Thomas Mann quien procede de una familia de Lübeck

  12. Si algo debía protegerse en Europa era la débil llama del espíritu, en contra de los instintos de la vida, cuyos impulsos ciegos gozaron de muy buena salud en el período de entreguerra. Pero Th. Mann también creía que no había de exagerarse la oposición espíritu – cuerpo, aunque en el caso de este post es difícil no presentar ambos polos como opuestos.

    • Rosa Sala Rose

      Desgraciadamente fue esa débil llama del espíritu la que más sufrió, no sólo en el período de entreguerras, sino también en las vísperas de la Primera Guerra Mundial, cuando gran parte de la intelectualidad europea vivía convencida de que el continente estaba sumido en la decadencia y de que sólo una guerra podría sacarnos de ella y “renovarnos”. ¡Lo caro que nos ha salido ese error! Muchas gracias por su atinada aportación.

  13. Muy admirada Rosa. Desde que descubrí tu interesantísima aportación sobre la biografía de Thomas Mann en unas conferencias en la fundación Juan March, he seguido con atención lo que publicas, con admirado interés.
    Me gustaría que me recomendaras, si es posible, bibliografía más concreta, propia o ajena, sobre el Dr. Faustus de Mann y sobre el universo musicológico de Mann, en relación a Adorno.
    Te felicito especialmente por tu novela “La penúltima frontera”, que he leído recientemente y que recomiendo encarecidamente.
    Un saludo afectuoso.

    • Rosa Sala Rose

      Estimada María:
      Muchas gracias por escuchar mis conferencias. Mi conocimiento del “Dr. Faustus” no es lo bastante concienzudo como para recomendarle una bibliografía especializada, pero entre lo que se ha escrito en español podría recomendarle estas aportaciones:
      TRIAS, Eugenio (1978): Goethe y Thomas Mann. Barcelona, Mondadori, 1988
      VILLACAÑAS BERLANGA, José Luis (2002) “Doctor Fausto. El análisis de Thomas Mann sobre el nazismo”, Actas del III Encuentro Internacional La Novela del Artista. Ed. Facundo Tomás/Biblioteca Valenciana, 2002.
      Espero que le resulten útiles. ¡Y gracias por leer “La penúltima frontera”! Un cordial saludo.

  14. Excelente articulo.
    Perdona si no comento en muchas entradas. Aun así no me las pierdo.

    Gracias Rosa. Abrazos.

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