Crowdfunding para la guerra

Últimamente se habla mucho del crowdfunding o micromecenazgo, un buen modo de obtener fondos para financiar grandes proyectos en tiempos de crisis. Pero si les parece que se trata de una iniciativa de lo más novedoso y sólo posible en tiempos de internet, están profundamente equivocados.

Una de las formas más insólitas de micromecenazgo nació en 1813, cuando con su manía de invadir territorios ajenos las tropas de Napoleón consiguieron darle sin querer un espaldarazo tremendo al incipiente nacionalismo alemán. Aquellos también eran tiempos de crisis. Y el gran proyecto que había que financiar era ni más ni menos que la misma guerra.

La idea fue de la princesa Mariana de Prusia, que invitó a las mujeres patriotas de su país a intercambiar oro por hierro a fin de financiar la contienda. Kilos de alhajas, entre ellas miles de anillos de boda, llenaron así las arcas prusianas contra el invasor. Y al igual que sucede en el micromecenazgo, a los donantes se les entregaba una “recompensa”, un anillito de hierro como éste:

<i>Gold gab ich für Eisen: </i>Di oro por hierro

Gold gab ich für Eisen: Di oro por hierro

El objetivo de la recompensa era doble. Por un lado, la moral exigía que los casados siguieran llevando una prueba visible de que lo estaban. Por otro, el anillo de hierro era una estupenda medida de control social. Quien siguiera llevando oro en los dedos demostraba tácitamente estar de parte del ocupante, algo que a nadie le convenía en tiempos de exaltación patriótica. Incluso quienes estuvieran secretamente de parte de los franceses, que después de todo llevaban los logros de la Revolución Francesa inscritos en su programa de ocupación, procuraron hacerse cuanto antes con el anillito de hierro.

La idea era tan buena que se repitió un siglo después, durante la Primera Guerra Mundial, aunque con algunas interesantes variaciones. En lugar del anillo de hierro, los patrióticos ciudadanos obtuvieron como recompensa un objeto algo más agresivo, acorde al signo militarista de los tiempos: un clavo. Lo del clavo permitía recompensar las donaciones en función de su cuantía, como en el micromecenazgo. Había sencillos clavos de zapatero, otros pintados de colores y otros más grandes recubiertos de bronce.

¿Que hacer con todos esos clavos?

Había que clavárselos uno por uno al mariscal Paul von Hindenburg.

En efigie, naturalmente.

En el Königplatz de Berlín, justo delante del Reichstag y de la emblemática y mal llamada Columna de la Paz (Friedenssäule), se instaló en septiembre de 1915 un descomunal Hindenburg de madera de doce metros de altura y 26 toneladas de peso. La estatua fue rodeada de un andamio que permitía a la población acercarse lo suficiente para clavarle públicamente un clavo en algún lugar de su anatomía. (La actriz Camilla Horn, entonces una niña, recuerda con delectación que su padre logró meterle uno en el trasero).

Así, poco a poco, el colosal Hindenburg fue cubriéndose con el abrigo de hierro más caro del mundo.

A los niños nos parecía estupendo –recuerda el periodista Arthur Wolter–. Las escuelas enviaron a clases enteras y cada niño llevaba una monedita para comprar un clavo y clavárselo a Hindenburg. ¡Nuestros propios clavos! Fue un momento muy especial para todos. Volvimos al emplazamiento de la estatua al caer la tarde y la contemplamos embelesados, mostrándoles a los transeúntes el lugar exacto de nuestro clavo. El viejo Hindenburg nos salvaría del enemigo, pensábamos.

El andamio que rodeaba la estatua llevaba un cartel con esta leyenda:

El Hindenburg de hierro de Berlín. Clavamientos todos los días. También con mal tiempo. Si el tiempo es bueno, se acompañará con orquesta militar. 

La recaudación se incrementaba con la venta de postales como éstas (hoy lo llamaríamos merchandising):

El Hindenburg de hierro fue un micromecenazgo muy exitoso: logró recaudar 1,150.000 marcos. Sin embargo, esa fortuna no pudo emplearse para machacar en las trincheras al sempiterno enemigo francés, ya que la asociación que promovió la acción entró en quiebra y el dinero recaudado se perdió para siempre. Quién sabe si eso determinó el curso de la guerra…

No he conseguido encontrar más fotografías del Hindenburg de hierro de Berlín, el más famoso de todos, pero sí de otras iniciativas similares que se fueron replicando por toda Alemania, como este Enrique el León que fue apostado con el mismo fin en la ciudad de Brunswick (1915):

Cuenten que para cubrir un metro cuadrado de héroe hacían falta entre 30.000 y 40.000 clavos:

Y como no podía ser de otro modo, también el nazismo recuperó a su manera aquella vieja idea. Sólo que para entonces los metales como el hierro, imprescindibles para las fábricas de armamento, se habían vuelto casi tan valiosos como el oro, así que se aceptaban donaciones metálicas de prácticamente cualquier cosa. En 1940 una Asociación de Remeros Deportivos no vaciló en sacrificar sus apreciados trofeos metálicos sobre el altar nazi:

RVR (Rüderverein Rüsselsheim) 1940

Ni siquiera las tumbas quedaron libres de esta nueva versión tan poco glamurosa del “Oro por hierro”.  Incluso los herrajes decorativos del cementerio judío de Berlín acabarían convertidos en proyectiles.

6 thoughts on “Crowdfunding para la guerra

  1. La Columna de la Pau és la Siegesäule? Jo sempre l’havia sentit anomenar així “Columna de la Victòria”, abans es deia com dius tu?

  2. Hola, Jaume!
    Es evidente que la columna tiene en lo alto a la diosa alada de la Victoria, por lo que ese nombre le va mucho mejor. Sin embargo, cuando se erigió en 1843 la concepción prusiana del Estado defendía la idea de que la victoria en la guerra era la premisa necesaria para la paz. De ahí que en su origen recibiera el nombre de “Friedenssäule” o “Columna de la Paz”.

  3. Ah, no en tenia ni idea. Gràcies per contestar.

  4. De res, Jaume! De hecho, tu pregunta era muy oportuna.

  5. Hola, Rosa!
    Luis Garcia de http://jugativos.blogspot.com.es/ me ha recomendado pasar por tu blog, y he de decir que ha acertado de pleno! Y es que he ojeado los libros que has publicado, y me interesan todos! Ojalá los hubiera conocido para algunos trabajos que tuve que realizar durante la carrera o en el máster. En éste, presenté el trabajo de fin de máster sobre tres libros y tres películas que trataban el tema del nazismo. Así que, creo que me iré pasando por tu blog y miraré de encontrar tus libros en alguna librería. A pesar de que ya acabé la carrera y el máster sigo conectada con el mundo de las humandiades y las letras gracias a mi blog (lo creé para no desconectar de ello, precisamente). Es este: http://humanidadesyalgomas.blogspot.com.es/
    Un saludo!

  6. Estimada Patricia:
    Muchísimas gracias por haberte pasado por mi blog (y a Luis García Centoira por recomendártelo)!
    Le he echado un vistazo al tuyo y me parece muy prometedor. También yo trataré de irte siguiendo.
    Un saludo muy cordial.

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