El marqués y la esvástica

El marqués y la esvástica. César González-Ruano y los judíos en el París ocupado (Anagrama, 2014)Cuando me metí en esto yo apenas conocía al corresponsal de guerra de La Vanguardia Plàcid Garcia-Planas. Habíamos coincidido una sola vez, cuando me llamó para invitarme a almorzar e interesarse por la historia del adolescente polaco Karol Radewicz.

Karol había saltado a mi vida meses atrás, al aparecer entre los “expedientes de frontera” del Arxiu Històric de Girona. Su historia me pareció tan conmovedora que decidí colarla en mi introducción a las memorias de Werner Barasch, otro valeroso superviviente del paso de los Pirineos durante la Segunda Guerra Mundial. Karol, que durante un bombardeo alemán en Varsovia había perdido tando a  su familia como su voz, le pedía por escrito al director del orfanato de Girona que le dejara salir a fin de poderse suicidar fuera del establecimiento y, de este modo, no generarle inconveniente alguno. Las autoridades, hartas de vigilarlo, se deshicieron de él y lo obligaron a repasar la frontera.

Los Apuntes autobiográficos de Werner Barasch, a pesar de su gran valor como testimonio histórico de un civil que estuvo a punto de perder la vida en las prisiones y campos de concentración españoles sin mayor delito que el de haber huido del nazismo, pasaron sin pena ni gloria por el panorama editorial de este desmemoriado país. El ejemplar enviado a La Vanguardia quedó abandonado en el montón de los libros no reseñables. Ahí fue donde Plàcid dio con él.

Plàcid, que por su profesión conoce bien las guerras y el desamparo, empatizó con la historia de Karol y se propuso enseguida averiguar si seguía vivo. No tardaría en descubrir que el rastro del muchacho se desvanecía en los Pirineos, pero en la sobremesa de aquel primer almuerzo le hablé a Plàcid de otra terrible historia de la frontera pirenaica de la que acababa de tener conocimiento a través de mi amigo el historiador Xavier Casals.

Casals había leído recientemente Los senderos de la libertad, de Eduardo Pons-Prades, historiador y exguerrillero español del maquis, y le había impresionado mucho una escena en concreto:

Camión Berliet 1936

Camión Berliet 1936

Pons Prades cuenta que a finales de 1942, cuando estaba luchando en el maquis, el puesto fronterizo de Bourg-Madame recibió informes sobre misteriosas caravanas de camiones que transitaban de Perpiñán a Andorra. Eran camiones militares franceses de 1936 con la documentación en regla y alimentados con gasolina, cuando por entonces casi todos los camiones funcionaban con gasógeno. Al pasar junto a ellos, un oficial de aduanas llamado Parent que cooperaba con los guerrilleros tuvo la sensación de que transportaban a personas.

Poco después los maquis del grupo de Pons-Prades hallaron herido de bala en los Pirineos a un judío alemán llamado Rosenthal. Éste les contó que al tratar de sacar de Francia a sus padres y a su hermana había entrado en contacto en París con el supuesto agregado cultural de la embajada franquista. El falso funcionario se hacía llamar Antonio Granero y decía haber sido enviado desde Madrid a París expresamente para salvar judíos. Tras pagarle una fortuna para financiar el pasaje, los Rosenthal subieron junto con otros fugitivos holandeses a un camión que iba a llevarlos a Andorra desde Perpiñán, formando una pequeña caravana con otros tres vehículos. Horas después de haber atravesado la frontera andorrana, los guías contratados al efecto hicieron bajar a todos los judíos que iban en los camiones y los masacraron en plena noche con una ráfaga de metralleta a fin de hacerse con el dinero y las joyas que llevaran, enterrando los cadáveres en una zanja improvisada.

Rosenthal sólo quedó herido en el hombro y pudo huir. Una vez reestablecido acompañó a París a guerrillero de la resistencia Manuel Huet Piera, del Grupo Ponzán, para ayudarle a identificar al misterioso “Don Antonio”: resultó ser el célebre periodista español César González Ruano, que por aquellos años vivía desempleado en el París de la Ocupación.

César González-Ruano (1932)

César González-Ruano (1932)

¿Cuánto habría de verdad en el detalladísimo testimonio del difunto Pons Prades que había pasado desapercibido hasta ese momento?

Plàcid lo tuvo claro enseguida: debíamos tirar de ese hilo, investigar en los archivos sobre este relato y escribir un libro. Los dos. A cuatro manos. Aunque apenas nos conociéramos y nunca hubiéramos trabajado juntos.

Es natural que al principio me resistiera. Estaba metida en otros proyectos que debía abandonar. Además, era una investifación que prometía ser difícil y cara, por no hablar de la polémica que inevitablemente generaría el resultado. No tardamos en darnos cuenta de que este libro implicaba enfrentarse a dos leyendas: la que vinculaba a César González-Ruano con negocios turbios durante la Ocupación y la que relacionaba la fortuna de ciertos ex pasadores andorranos con el asesinato sistematizado de fugitivos.

Ahora, tras tres años y medio dando vueltas por los archivos de media Europa y un sinfín de aventuras y anécdotas que explicar y que han quedado en gran medida reflejadas en el libro, celebro que Plàcid lograra meterme en esta aventura vital e intelectual. Por el camino, de archivo en archivo y siguiendo siempre el hilo que nos había marcado Pons-Prades, hemos encontrado a una hija ilegítima de Alfonso XIII, a un poeta checo que activó el surrealismo clandestino del París ocupado, a un sastre armenio enamorado de una resistente, aun contrabandista andorrano que disfrazaba a sus judíos de porteadores, a un mecenas gordito de origen argentino y nombre inglés… Decenas de vidas trágicas, malvadas o grotescas, pero absolutamente reales, a las que hemos devuelto su nombre y parte de su relato.

Y, tal como esperábamos, también hemos encontrado documentos inéditos y turbios sobre César González-Ruano.

Dicen que los libros tienen su destino. Pero es igualmente cierto que los libros pueden alterar el destino de las personas. Sin los Apuntes autobiográficos de Werner Barasch ahora no existiría El marqués y la esvástica. César González Ruano y los judíos en el París ocupado. Se lo hemos dedicado a Karol Radewicz, cuyo paradero seguimos sin conocer.

Puede saber más sobre este libro clicando aquí o aquí. Si le interesa adquirirlo, puede hacerlo aquí en papel o en ebook. Y si está leyendo esto desde un PC y no desde un móvil, la siguiente ventana le permitirá acceder a un capítulo del libro:

ver El marqués y la esvástica. César González Ruano y los judíos en el París ocupado en myLIBRETO

11 thoughts on “El marqués y la esvástica

  1. Silvia

    Hola.. estoy buscando información sobre la familia de Manolo Huet. la cuestión es que la familia materna de mi madre desapareció y ella con 15 años no tiene ni idea que fue de ella. Su madre se llamaba Angela Martínez Huet y su hermano Manolo Martínez Huet, y la madre de ambos era Adoración Huet. Vivían en Poble Nou (Barcelona) mi madre nació en 1938, fueron tiempos convulsos y a la muerte de su padre, fecha en la que desapareció su madre se crió con sus hermanastros por parte de padre. La coincidencia o casualidad de que Manolo Huet Piera viviera en Poble Nou y comparta apellido además de ser originario de Murcia ( mi madre dice que su madre era murciana o de Almansa) hace que busque información sobre él. Agradecería tu colaboración.
    saludos

    • Rosa Sala Rose

      Estimada Silvia, le contesto por correo electrónico. Un saludo.

  2. […] de guerra de La Vanguardia, Plàcid Garcia-Planas junto a la ensayista y traductora alemana, Rosa Sala Rose, lanzan su último ensayo, El marqués y la esvástica. Un relato sobre la leyenda del […]

  3. eduardo aguirre

    Estimada Rosa Sala.
    Soy periodista, hace un par de semanas escribí una columna en Diario de León con su libro y Ruano como punto de partida. ahora, ya lo he terminado. Me ha parecido excelente. Quizá, quienes no supiesen quién era echen a faltar una explicación más detallada sobre su peso como articulista, pero esto es una opinión mía personal, dado que soy columnista. Lo primero que hice al terminar el libro fue llamar a un amigo que lo trató mucho, y que tiene la cabeza perfecta pese a sus años. Me dijo que el creía que todo eso que se dice era verdad, aunque consideraba que tenía también sus virtudes. Lo cierto es que noté que prefería no abrir esa caja de viejos truenos de juventud. He llegado a la conclusión de que entre sus amistades se sabía, pero se aceptaba, como se sabían cosas de Umbral, no tan graves, claro, y se aceptaban, en el ambiente de complicidad de las tertulias de amigos. Dámaso Santos lo cita en su libro de recuerdos y da a entender la crueldad e insolidaridad del personaje en esta cuestión. ¿Por qué atraía, además de por escribir bien? Indudablemente, debió de tener su carisma, aunque, como dijo Santa Teresa, éste no es una virtud por sí mismo. La verdad es que después de haberme sumergido en los libros que tenía de él en mi biblioteca, como las entrevistas que le hizo Gómez Santos, te das cuenta de que había algo en su biografía de lo que no se hablaba a las claras, o mejor no se escribía. En fin, les felicito por este viaje al horror. ahora, los libros editados por su Fundación se venden a saldo, por cuatro euros. ¡Qué extraña justicia poética!
    Eduardo Aguirre

    • Rosa Sala Rose

      Estimado Eduardo: acabo de localizar y de leer su columna, que le agradezco mucho. Creo que esa reticencia a abrir esas cajas de viejos truenos a las que alude tiene también que ver con el paulatino cambio de mentalidad y de sensibilización que se ha dado en Europa –y algo menos en España– durante las últimas décadas. Cada vez estamos menos dispuestos a aceptar en los demás esas actitudes que hace veinte años nos habrían parecido delitos de caballero. Quizá los cómplices de entonces se sientan ahora reacios a hablar de ello precisamente porque ya no se sienten cómodos con la indulgencia moral que tuvieron en su momento y que venía en parte propiciada por la época. Y creo que eso, en el fondo, es muy bueno. Le agradezco mucho la lectura, la columna y su comentario. Reciba un cordial saludo.

  4. Chowy

    Saludos Rosa, me gustaría saber sino te importa compartirlo, claro, todo lo referente sobre Manuel Huet Piera “el Murciano” . Estudio a los anarquistas involucrados en la guerrilla antifranquista, la resistencia francesa y las redes de evasión. gracias anticipadas.

    • Rosa Sala Rose

      Hola, Chowy. Ningún problema. Te respondo directamente a tu email.

  5. […] 1936 y 1943, su época más judeófoba. “Ese Ruano no me interesa”, les comentó a Rosa Sala y Plàcid García, quienes en la investigación contestaron con un “A nosotros sí”. En […]

  6. Pol

    Muy buenas : he leído en su blog con interés lo referente a los passeurs andorranos que se comportaron humanitaria mente con lo judíos, y facilita bastantes nombres de esas buenas personas. No obstante, todavía no ha encontrado nombres de los otros? Saludos cordiales

    • Rosa Sala Rose

      Estimado Pol: la maldad tiene motivos para esconderse, la bondad no. De ahí que siempre sea más fácil localizar a estos últimos que a los primeros. Máxime teniendo en cuenta que no es posible dar nombres sin tener pruebas, y que las pruebas de crímenes de este tipo son muy difíciles de conseguir. Tal vez aparezcan algún día.

  7. Maria

    Buenas Rosa.
    Mi nombre es Maria Segura, soy andorrana y estudiante de bachillerato en Gerona. Como bien usted sabrá, en estos años se nos manda hacer un llamado Trabajo de Recerca. Pues bien, yo he elegido el trabajo sobre el paso de los judios huyendo de Hitler por Andorra, durante la Segunda Guerra Mundial. He estado leyendo varios blogs suyos y especialmente uno que habla sobre esta leyenda negra.

    Le agradeceria muchísimo si pudiese ayudarme en este tema, ya que no encuentro mucha información y otros escritores me han recomendado que hablase on usted.
    Gracias.
    Maria

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